Cartago se despierta bajo un cielo de 98% nubosidad y 84% de lluvia: el valle central vuelve a ser un acuario
A las 6 a.m. la ciudad de Cartago ya respiraba vapor. 16 grados, 98% de nubes y un 84% de probabilidad de lluvia bastaron para que las calles empedradas brillaran como espejos. A mediodía los termómetros treparán hasta 23 grados, pero el sol será un rumor: el índice ultravioleta se mantendrá en 7, lo bastante hostil como para quemar la piel en quince minutos si alguien se atreve a descuidar el bloqueador.
La Municipalidad de Cartago advierte que las ráfagas podrán rozar los 39 km/h cuando el día esté en su punto álgido; al anochecer bajarán a 30 km/h, suficiente para que el paraguas siga siendo un escudo. La noche cerrará con 25% de posibilidades de precipitación y 96% de nubosidad: la luna, otra vez, será una leyenda.

El valle central oriental se inunda sin drama
Mientras el resto del país debate si hay o no verano, Cartago cumple el guion de siempre: lluvias débiles pero persistentes, vientos alisios que se meten por el Atlántico y una temperatura que rara vez se sale del tramo 10-20 grados. La diferencia la marca la altitud: a 1 435 metros sobre el nivel del mar, la ciudad funciona como un termósco-país: recoge la humedad del Caribe y la enfía con la brisa del Pacífico.
El Valle Central Occidental, apenas unos kilómetros al noroeste, se permite el lujo de los 26 grados en las zonas bajas y el frío de los 16 en las medianías. Allí la estación lluviosa cumple su ciclo clásico: abril-noviembre, con un paréntesis seco en junio que cada vez parece más corto. La Región Caribe, por su parte, ni se inmuta: lluvias constantes, 20-30 grados y la sensación de que el calendario es un capricho.
Costa Rica sigue partida en dos por la línea invisible que traza el IMN: Pacífico seco y Caribe húmedo. En el Pacífico la gente revisa el radar a las 3 p.m. para saber si la tarde regala o azota; en el Caribe nadie mira el celular: sabe que lloverá, solo ignora a qué hora.
El dato que hoy importa: Cartago lleva 72 horas sin ver un solo rayo de sol directo. El acumulado de marzo ya supera el promedio histórico en 18%. El suelo está saturado; los desagues, al límite. Y aún quedan tres días de nubosidad superior al 90%. La ropa en los tendederos empieza a oler a bosque. La ciudad respira lodo. La lluvia, para variar, no ha pedido permiso.