Cepeda se despega: 37,5% que desata el pánico opositor

La primera encuesta que lo sitúa por encima del umbral de la segunda vuelta sin necesidad de aliados ha encendido las alarmas: Iván cepeda, senador del Pacto Histórico, trepa al 37,5% y ya sueña con el Palacio de Nariño mientras la derecha se sacude del todo.

El sondeo de Guarumo y Ecoanalítica, adelantado por El Tiempo y viralizado en la cuenta de Vicky Dávila, dibuja un mapa electoral que nadie en el antiguo establishment quería ver. Abelardo de la Espriella se queda en 20,2% y Paloma Valencia, la apuesta renovadora de la centro-derecha, se estanca en 19,9%. La suma de ambos supera al candidato progresista, pero la división los deja fuera del balón de oxígeno que necesitan para forzar la segunda vuelta.

“Nos vamos a joder”, la frase que resume la noche de dávila

La excandidata presidencial no se anduvo con eufemismos: «¡Ojo, nos vamos a joder! Iván Cepeda hoy está ganando». En un audio que circuló a la velocidad del screenshot, Dávila advirtió que el 40,1% opositor se disuelve en vanidades personales mientras Petro maneja la chequera del Estado y un aumento del salario mínimo que, según ella, «disparó a Cepeda sin que él moviera un solo dedo».

La cifra habla por sí sola: si las elecciones fueran hoy, el senador heredero del uribismo judicial no necesitaría siquiera negociar un pacto postprimera vuelta. La aritmética lo favorece porque el voto de descontento social —ese que en 2022 se fragmentó entre Fico, Rodolfo y Federico— ahora se concentra en un solo nombre: el del investigador que llevó a Uribe a sentarse en el banquillo.

Paloma valencia, la única que crece, pero no alcanza

Paloma valencia, la única que crece, pero no alcanza

El crecimiento de la senadora del Centro Democrático es real: duplicó intención de voto en seis meses. El problema es que lo hace en un techo de vidrio. «El crecimiento de Paloma es excelente, pero aún no es suficiente», zanjó Dávila antes de soltar la consigna: «Apoyemos masivamente el 31 de mayo a quien tenga más posibilidades de derrotar a Cepeda». Traducción: hay que sacrificar a De la Espriella antes de que el reloj electoral marque las 00:00.

La encuesta interna que maneja el equipo de Valencia proyecta que ella sería la más competitiva en una hipotética segunda vuelta, pero solo si logra desplazar al abogado barranquillero. El escenario se parece al de 2018, cuando los votos de Marta Lucía Ramírez terminaron en manos de Duque tras una operación de sacrificio exprés. Esta vez el sacrificio debería ser al revés: la abogada mediática cediendo terreno a la exministra. Y ahí empiezan los problemas de ego.

El poder de petro que nadie cuenta

El poder de petro que nadie cuenta

Detrás de Cepada no hay solo un nombre; hay un presidente en ejercicio que ya no necesita disimular. Petro ha dejado de hacer campaña paralela y ha pasado a la ofensiva: cada anuncio de política social lleva la firma implícita del senador. El aumento del salario mínimo, la extensión del Colombia Mayor y la reciente firma del decreto de renta básica han servido como avanzadilla electoral que no cuesta un peso al candidato, pero que se paga con la plata del erario.

En la sede del Pacto Histórico celebran con moderación. Saben que el 37,5% es una fotografía congelada en el momento justo en que el descontento por la inflación baja y el recuerdo del paro camionero se desvanece. El riesgo es que el número genere sobreconfianza y reactivé el voto útil opositor. Por eso Cepeda ha desaparecido de los medios durante 72 horas: no quiere ser la noticia que una a sus enemigos.

La derecha, mientras tanto, ha convocado a una cumbre de emergencia en Casa Santamaría para este fin de semana. Invitaron a De la Espriella, a Valencia y hasta a Óscar Iván Zuluaga, el fantasma de campañas pasadas. La consigna es una sola: negociar un candidato único antes del 15 de marzo, fecha límite para registrar alianzas formales. La jugada es arriesgada: si fracasan, el 31 de mayo podrían ver cómo el país elige por primera vez a un presidente que se autodefine como “el fiscal de Uribe”.

La noche del viernes, mientras Dávila replicaba audios en WhatsApp, Cepeda cenía en silencio en su casa de Chapinero. No pronunció una sola palabra sobre la encuesta. No hizo falta: las cifras hablan más fuerte que cualquier discurso. Y, por ahora, gritan su nombre.