Cepeda y uribe se lanzan acusaciones que sacuden la campaña
El choque entre Iván Cepeda y Álvaro Uribe volvió a encenderse esta semana con una intensidad que pocas veces se había visto, incluso para dos figuras acostumbradas a cruzarse en los tribunales y en las redes sociales. Fue en Medellín, en el auditorio de la Asociación de Instituciones de Antioquia (Adida), donde el candidato presidencial del Pacto Histórico lanzó las acusaciones más directas de su campaña: que Uribe y su hermano Santiago mantuvieron vínculos con los Ochoa, los Gallón Henao, los Cifuentes Villa y los Villegas Uribe, clanes que, según Cepeda, operaban desde las entrañas de las estructuras de Pablo Escobar y el paramilitarismo.
Lo que cepeda dijo en medellín y lo que desató
La declaración no cayó en el vacío. Alcalde, gobernador, diputados y concejales uribistas salieron a cuestionar las palabras del candidato. Cepeda, sin embargo, llegó al parque de San Antonio junto a su compañera de fórmula, Aida Quilcué, y respondió que sus palabras habían sido «perversamente descontextualizadas». Incluyó en su defensa un fallo judicial: un juez rechazó una tutela de ciudadanos que alegaban vulneración de derechos fundamentales por sus afirmaciones. El mismo juez reconoció que Cepeda hacía referencia a «fenómenos de violencia, paramilitarismo y narcotráfico que efectivamente ocurrieron en la historia contemporánea». Una resolución que el candidato no tardó en agitar como bandera.

La respuesta de uribe: insultos, acusaciones y un nombre que pesa
Uribe no esperó. Desde su cuenta en X, el expresidente calificó a Cepeda de «bandido camuflado de Derechos Humanos» y fue más lejos: lo acusó de haber instigado contra Miguel Uribe, el senador asesinado en 2025, y de haber contribuido a conformar la Segunda Marquetalia al actuar como «patrocinador de la impunidad y de la fuga de Iván Márquez y de Santrich». Son acusaciones graves. Tan graves que, si se invierten los roles, se entiende por qué Cepeda lleva años exigiéndole explicaciones al expresidente en sede judicial.
El Centro Democrático sumó leña al fuego con un comunicado que llama a Cepeda «vocero y heredero de las Farc» y denuncia que sus acusaciones son «fábulas refritas de hace más de 40 años» sin una sola prueba. El partido habla de «narcoterroristas» y de voluntad popular amenazada. El lenguaje de siempre, afilado hasta el límite.

El silencio que cepeda convierte en argumento
Cepeda tiene una táctica que repite con disciplina: señalar lo que Uribe no responde. En su réplica pública, el candidato enumeró los clanes del Cartel de Medellín y añadió un dato que considera demoledor: la condena en segunda instancia de Santiago Uribe por el caso de los 12 apóstoles, el grupo paramilitar que operó en Antioquia. «Sobre eso calladito. Sabe que es totalmente cierto», escribió Cepeda. Es una frase corta. Calculada. Y apunta a una herida que el uribismo lleva años intentando cerrar sin conseguirlo del todo.
Este enfrentamiento no es nuevo, pero tiene una textura diferente ahora que Cepeda es candidato presidencial y que el juicio a Uribe por presunta manipulación de testigos sigue siendo un expediente abierto en la memoria política del país. Cada declaración en campaña remueve ese fondo. Y en Colombia, ese fondo nunca termina de asentarse.