Ceuta descubre un túnel de tres pisos y vagones para meter hachís en españa
Ceuta despertó este lunes con la certeza de que el crimen ya no escarba: excava. En la periferia del polígono del Tarajal, a escasos metros de la valla que dibuja el límite con Marruecos, la Policía Nacional encontró un subterráneo de tres niveles, raíles de mina, vagones de carga y poleas que desplazaban fardos de hachís como si se tratara de carbón en una hullera clandestina. El operativo, ejecutado el sábado, desmantela la segunda infraestructura de este tipo en menos de dos meses y dibuja un nuevo mapa de la frontera: ya no es una línea, es un queso gruyère cuyos agujeros cotizan en toneladas.
El refrigerador que ocultaba la boca del infierno
La entrada no era un agujero en la pared, sino un electrodoméstico. Un refrigerador industrial —del tamaño de un furgón y revestido con paneles insonorizados— servía de fachada al pozo principal. Tras sus puertas de acero, una escalera mecánica descendía nueve metros hasta la primera galería. Allí, los operativos encontraron un sistema de rieles que se bifurcaba en dos niveles más profundos. La ingeniería no es obra de amateurs: los vagones, construidos con ejes de bicicleta de montaña y chasis de aluminio, cabían exactamente en los 40 cm de ancho que median las paredes. Las poleas, engrasadas con grado militar, permitían subir 50 kg en 90 segundos. Un ascensor de droga.
La estructura replica los túneles de Nuevo Laredo, pero con la particularidad de que el punto de partida está en suelo español y la salida, aún por localizar, se presume bajo el adu marroquí. El diseño resuelve el problema que atascó al primer narcotúnel hallado en febrero: la ausencia de ventilación. Esta vez, tubos de PVC de 20 cm perforan el techo de la cámara intermedia y emergen dentro de la nave industrial como simples desagües. Nadie los miró dos veces.

El polígono que se hunde
El Tarajal ya no es solo un lugar de almacenes fríos y talleres de chapa. Es un termitero. El 19 de febrero la Guardia Civil desenterró otro túnel en una antigua marmolería; ahora la Policía halla el segundo. Dos en 40 días. La coincidencia no es geológica, es económica: el polígono toca la valla, pero también acumula naves cerradas desde 2020, precio del alquiler por debajo de 3 €/m² y acceso directo al puerto. El delegado del Gobierno, Miguel Ángel Pérez, prometió «un plan de inspección integral» este martes. Los vecinos llevan años pidiéndolo.
La operación se enmarca en la tercera fase de Hades, la causa que la Audiencia Nacional abrió tras detectar que parte del hachís que entra por Ceuta financiaba a policías y aduaneros. La juez María Tardón lleva 14 imputados. El comisario Antonio Martínez Duarte, jefe de la UDYCO central, y su hombre en Ceuta, Pedro Ignacio Gerrer, comparecerán mañana para explicar cómo se desplaza una tonelada de droga sin que nadie la vea. La respuesta, literalmente, está bajo sus pies.
Ceuta cierra el día con más preguntas que respuestas. ¿Cuántos túneles faltan por hallar? ¿Quién financia la obra civil? ¿Hasta dónde llega la red que ya corrompe aduanas? Mientras tanto, el estrecho sigue siendo un charco de 14 km, pero el viaje del hachís ya no se hace en patera: se hace en vagoneta.