Chile respira, pero el alitre se rompe en el sur: leña húmeda mantiene la guerra por el aire puro
La bruma sobre Temuco ya no es solo neblina: es la huella de 1,2 millones de toneladas de leña mal secada que cada invierno convierte el sur de Chile en el patio trasero más tóxico del Cono Sur. A dos décadas de la primera norma de episodios críticos, los datos oficiales muestran una victoria a medias: mientras Santiago bajó el PM2,5 un 65 %, en Los Ríos y Los Lagos la mortalidad respiratoria sigue disparada y la leña sigue siendo religión.
La geografía como trampa
El doctor Kevin Basoa, climatólogo del CR2, lo resume en una frase que duele: «El Pacífico nos regala estabilidad atmosférica, pero también nos encierra la suciedad». Las cuencas de Santiago y Chillán lograron despejarse porque el viento de la cordillera ayuda; en Valdivia, en cambio, la cuenca se convierte en un plato hondo donde el aire se pega a los pulmones. El estudio revela que el 78 % de las viviendas rurales aún quema troncos enteros, pese a que la leña seca certificada cuesta 15 % más y la región tiene el ingreso per cápita más bajo del país.
La solución técnica existe: estufas de pellets reducen las emisiones un 95 %. La traba es cultural. «Sacar la leña es parte del ritual del domingo», me dijo una vecina de Padre Las Casas. Cambiar eso cuesta más que cambiar la matriz energética.

Coronel, la herida que no cicatriza
Mientras el sur debate si la leña es patrimonio, en el norte la batalla es contra los muertos silenciosos. En Coronel, la zona de sacrificio por excelencia, el azufre ya no nubla el cielo a diario, pero el 30 de marzo pasado el ozono rozó los 90 ppbv en hora punta. La municipalidad celebró que el ICAP marcara «bueno», pero los médicos de urgencia del hospital Dr. López atendieron 47 crisis asmáticas en un solo día. La normativa permite a la empresa Enel Termoeléctrica emitir 170 microgramos de SO₂ por m³ en 24 horas; la OMS recomienda 40. La brecha es un niño de 8 años que no puede correr en el recreo.
El gobierno anunció un plan de retiro de 25.000 estufas a leña para 2027. Suena ambicioso, hasta que se lee la letra chica: el subsidio cubre solo el 30 % del costo y exige que el beneficiario compre pellets en comercios homologados. En La Araucanía no hay ni un distribuidor cada 100 km. La medida, diseñada en Santiago, parece escrita en otro idioma.
El cierre es una cifra que duele más que el humo: cada año mueren en Chile 2.800 personas por causas atribuibles a la mala calidad del aire, según el estudio Global Burden of Disease. Eso es siete veces la cifra de homicidios. La guerra por respirar no tiene bandos, solo víctimas que no aparecen en el parte diario.
