Chubut respira tras 43 días de infierno: extinguen el fuego que calcinó 30 mil hectáreas
El humo ya no se levanta sobre el valle de Epuyén. Tras 43 días de guardia de cenizas, el incendio Primera Cantera – Puerto Patriada que devoró 30.677 hectáulas de bosque nativo, matorral y plantaciones fue declarado oficialmente extinto. El Servicio Provincial de Manejo del Fuego (SPMF) bajó la persiana sobre uno de los peores episodios de la temporada patagónica, pero deja al descubierto una cicatriz que tardará décadas en cerrar.
Un verano que olía a resina quemada
El fuego comenzó a principios de enero, cuando la sequía convertía la vegetación en pólvora y los vientos del oeste soplaban con saña. En cuestión de horas, las llamas escalaron cerros, cruzaron el valle y amenazaron Cholila. La velocidad de avance fue tal que los bomberos voluntarios de El Maitén y Lago Puelo tuvieron que retroceder para no quedar atrapados entre crestas de fuego de 15 metros.
La Secretaría de Bosques admite que el comportamiento del fuego fue “extremo”. Los frentes se duplicaban de noche, cuando el viento cambiaba de dirección, y los puntos calientes revivían bajo la capa de turba como brasas enterradas. No hubo descanso: los brigadistas relevaron cada tronco, cada raíz, cada hueco donde el calor podía esconderse. Recorrieron a pie sectores sin senderos, como El Coihue y la laguna Las Mercedes, con mochilas de 25 kg y termómetros que marcaban 60 °C bajo los pies.

La lluvia que llegó tarde
Recién el 19 de febrero, cuando el frente ya era visible desde la ruta 40, los equipos lograron circunscribir el perímetro. Fue entonces que apareció la lluvia: 42 mm en 48 horas que enfriaron la superficie y permitieron avanzar con bulldozers. Pero la guardia de cenizas se prolongó otros 24 días. ¿Por qué? Porque la turba, ese suelo orgánico que puede arder meses bajo tierra, mantenía vivo al monstruo.
El operativo reunió a 280 efectivos entre brigadistas, gendarmes, pilotos de helicópteros y vecinos que aportaron caballos para transportar agua a rincones inaccesibles. La coordinación fue clave: municipios proveían combustible, la gobernación aportó raciones y el gobierno nacional abrió el espacio aéreo para los aviones Air Tractor. Sin esa red, el fuego habría saltado hacia el Parque Nacional Los Alerces, a solo 12 km.

Causa desconocida y verano que viene
El origen sigue siendo una incógnita. La investigación preliminar apunta a una fogata mal apagada cerca de un camping privado, pero falta peritar teléfonos y tomar declaraciones. Mientras tanto, el cerro Pirque luce pelado: la corteza de los coihues se desprende en láminas negras y el suelo se deshace como carbonilla. La pérdida de biodiversidad es difícil de cuantificar: cipreses de 400 años, nidos de cóndor y una población de huemules que ya era vulnerable.
El nivel de peligro se mantiene en rojo para la próxima temporada. La sequía persiste, los vientos no dan tregua y la corteza de los árboles muertos se convierte en leña seca. La provincia anunció un plan de reforestación, pero los viveros locales apenas producen 60 mil plantines por año; para repoblar 30 mil hectáreas se necesitarían… 30 millones. La cuenta no cierra.
Con el fuego extinguido, las brigadas recogen herramientas y cargan los tambores vacíos. Algunos volverán a sus trabajos de albañil o guía de pesca. Otros, los que llevan el olor a humo en la piel, ya saben que el próximo enero los estará esperando otra vez entre los cerros de chubut.
