Artemis ii roza el lado oculto de la luna con el váter estropeado y la familia en la memoria
Las cuatro personas más lejos de la Tierra desde que existe la humanidad afrontan esta noche un dilema tan cósmico como doméstico: verán la cara oculta de la Luna a 6.400 km de su superficie mientras su retrete sigue sin tragar la orina. La NASA calcula que al amanecer del lunes el aparato Orion cruzará el punto más alejado del planeta azul, 370.000 km, batirá el récord de distancia que ostentaba Apollo 13 y colocará a Victor Glover, Christina Koch, Reid Wiseman y el canadiense Jeremy Hansen en la órbita que nadie ha surcado desde 1972.
La gravedad lunar ya tira más que la tierra
El domingo por la mañana el comandante Wiseman despertó con Pink Pony Club de Chappell Roan y habló con sus hijas. Minutos después, la agencia difundía la foto que nadie había podido hacer nunca: el crácter Orientale, un blanco perfecto de 900 km de diámetro que parece un ojo abierto en el sudoeste lunar. “Ningún par de ojos humanos lo había visto así”, dijo Koch a escolares de Ontario mientras la cápsula vibraba por el cambio de referencia gravitatoria. Desde esa hora, la Luna manda más que la Tierra: el vector de fuerzas se inclina y Orion se acelera sin consumir combustible.
La maniobra, invisible para los espectadores, es un paso crítico hacia 2028, cuando la NASA planea dejar botas cerca del polo sur lunar. Ahora mismo, la misión sirve de talonario de datos: sensores miden radiación, cámaras capturan colinas de lava de 3.500 millones de años y los tripulantes repiten los nombres de los quince accidentes que marcan la cartografía selenita. Todo entra en la maleta que la agencia quiere reutilizar para construir una base permanente.

Una maldición en la tubería
Pero la gloria tiene sabor a orina estancada. El váter principal falló horas después del lanzamiento del miércoles y los ingenios sospechan hielo en la línea de venteo. La solución provisional son bolsas de reserva y una puerta que cierra mal. La jefa adjunta del programa Orion, Debbie Korth, admite que el olor se filtra por el piso de la cabina. “Los inodoros espaciales siempre han sido un quebradero de cabeza”, dice, y recuerda que el de los transbordadores se atascaba cada dos vuelos. El capitán del equipo de gestión, John Honeycutt, promete que la tripulación aguantará; ellos, entretanto, cenan tortilla de huevo liofilizado y se ríen cuando Houston les pregunta por el clima.
El contraste es brutal: afuera, el eclipse total de Sol que la Tierra verá el lunes proyectará una sombra de 180 km; dentro, cuatro adultos se turnan para no atragantarse con la manguerilla de desperdicios. Nadie se queja. Glover, que pilotea la nave, dice que la Tierra “se ha vuelto del tamaño de una uva” y que la Luna “ya no cabe en la ventanilla”. La frase resume la paradoja del vuelo: la humanidad alcanza su máxima distancia y, aún así, no puede soltar la cadena.
En la madrugada del lunes, cuando Orion roce el periastro lunar y los cuatro se conviertan en los seres más lejanos que ha tocado la vida, la NASA habrá recogido 1,2 TB de imágenes sin precedentes. La agencia los necesita para elegir el lugar exacto donde, dentro de cuatro años, quiere ver a dos astronautas bajar la escalerilla sobre hielo de agua eterna. Mientras tanto, la nave seguirá girando con el tanque de aguas residuales medio lleno y la radio repleta de voces de niños que preguntan si la Luna tiene olor. La respuesta, esta vez, la llevan cuatro adultos que ya saben que huele a casa y a oxido, a sal y a orina contenida. El récord de distancia será oficial, pero el olor a humano es el verdadero trofeo que regresará a la Tierra el próximo viernes, cuando la cápsula caiga al Pacífico y los ingenieros abran la puerta con guantes de látex y una muestra congelada del lado oscuro del baño.
