El embalse amistad pierde agua a ojos vista y un satélite lo cuenta en tiempo real
Las orillas del embalse Amistad han retrocedido varios metros desde 2012. Lo que antes era un espejo azul que enmarcaba la frontera entre Texas y Coahuila hoy es una cicatriz de barro que nadie quiere mostrar. La NASA acaba de confirmar lo que los pescadores y los rancheros sospechaban: la pérdida no es circunstancial, es permanente.
Un archivo secreto en el cielo
La misión Landsat lleva 38 años tomando fotos a cada rincón del planeta. El truco no está en la imagen, sino en el algoritmo: un par de fórmulas —mNDWI y grNDWI— distinguen el agua real del espejismo, la marea temporal del vacío definitivo. El resultado es un atlas que señala, año por año, dónde el agua se rindió. Gustavo Willy Nagel, de la Universidad de Southampton, lo resume con una frase que duele: “Detectamos cambios en arroyos de 30 metros y lagos de 900 metros cuadrados. Amistad es solo la puerta de entrada a un problema que ya tiene nombre y apellido”.
El embalse compartido por Estados Unidos y México bajó su nivel entre 2012 y 2016 y no se recuperó. La International Boundary and Water Commission guarda los datos, pero no los grita. La NASA sí: la pérdida es irreversible dentro del periodo analizado. La sequía, los trasvases y la frontera misma se alían para vaciar el depósito que abastece a Monterrey, a Del Río y a los campos de alfalfa que florecen en el desierto.

El mapa que mide lo que no se ve
Mientras tanto, en Texas A&M University, otro equipo fusionó las fotos de Landsat con los láseres de ICESat-2. El resultado es 3D-LAKES, una batimetría global de más de medio millón de lagos y embalses. Por primera vez se puede calcular, sin meter ni un pie en el agua, cuánto almacena cada cuerpo y cuánto puede perder antes de tocarse el hueso. Chi-Hsiang Huang, autor principal, avisa: “La relación entre área y elevación es la clave para anticipar una inundación o para saber cuántos meses de sequía aguanta una ciudad”.
La base de datos es pública. Cualquier municipio, cualquier comunidad de regantes, cualquier ONG puede descargarla y descubrir que el embalse que abastece su cocina está más cerca del colapso que del repunte. Huilin Gao cierra el círculo: “Con estos mapas ya no hay excusa. Sabemos quién se quedó sin agua y en qué año. Ahora sabemos también cuánto le queda por perder”.