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La nasa apunta a la luna: el 1 de abril cuatro humanos volverán a cruzar el cinturón de radiación

En la plataforma 39B del Centro Espacial Kennedy, el cohete SLS ya apunta al cielo como un gigante de 98 metros que resucita la última fantasía de la Guerra Fría: mandar gente a la Luna y que regrese viva. A las 18:24 del 1 de abril, Reid Wiseman, Christina Koch, Victor Glover y el canadiense Jeremy Hansen despegarán en una cápsula Orion que los llevará 7.500 km más allá de la cara oculta del satélite, el punto más lejano alcanzado por humanos desde que Apolo 17 se despidió en 1972.

El escudo térmico que llegó rajado de su viaje de prueba

Lo que la NASA no incluye en sus márquetines es que la misión arrastra una herida: el mismo escudo térmico que protegerá a la tripulación del fuego de 2.800 °C de la reentrada llegó agrietado tras Artemis I. Las fotos de laboratorio mostraron desprendimientos y burbujas de gas atrapadas entre las capas de corcho ablativo. La solución no fue rediseñar, sino cambiar el ángulo de entrada. “Si seguimos la trayectoria prevista, el escudo será seguro”, dijo Wiseman en julio, como quien cruza un río por un puente de madera podrida con la promesa de que aguantará si todos caminan por el centro.

La apuesta es enorme: 44.000 millones de dólares invertidos desde 2006 en el cohete y la cápsula, más otros 20.000 millones prometidos para la futura base lunar. La agencia necesita que Artemis II funcione para justificar un ritmo de lanzamiento cada diez meses y no cada tres años, un cambio de velocidad impuesto por el calendario chino: Pekín ya anuncia su propia base en el polo sur lunar para 2035.

La fuga de hidrógeno que casi cancela el sueño

La fuga de hidrógeno que casi cancela el sueño

El 20 de marzo, cuando el SLS fue rodado hacia la plataforma, los técnicos aún olían a hidrógeno. Una fuga microscópica en la línea de combustible había abortado el Wet Dress Rehearsal en enero, obligando a reparar y a volver a llenar los tanques como quien vuelve a sellar un grifo que gotea en una casa a punto de inundarse. Luego vino la ruptura del flujo de helio en la etapa superior. Orion tuvo que regresar al gigantesco hangar VAB, desmontarse y rearmarse. La NASA decidió saltarse una segunda prueba completa: confía en que los parches aguantan, pero el gesto deja un sabor a ruleta rusa.

En el vuelo de diez días, la tripulación perderá contacto con Tierra cada vez que la nave se esconda detrás de la Luna. Durante esos 32 minutos de silencio, cualquier falla tendrá que resolverse con checklists impresos y dedos que tiemblan en guantes espesos. El “Experimento Matroshka” medirá cuánta radiación cósmica atraviesa sus cuerpos: los datos servirán para calcular cuánto podrá vivir una futura colonia lunar sin convertirse en un hospital oncológico.

El amerizaje que cerrará la cuenta

El amerizaje que cerrará la cuenta

Si todo sale bien, el 11 de abril Orion caerá en el Pacífico como una bola de fuego que se apaga en el agua. Los médicos esperarán en cubierta para extraer a los astronautas y someterlos a análisis que determinarán si el cuerpo humano puede soportar un viaje a Marte. La NASA necesita ese “sí” para mantener viva la promesa de pisar el polo sur lunar en 2026 y construir una base antes de que los chinos planten su bandera.

El 1 de abril no es una broma: es la fecha límite para demostrar que el dinero, los parches y la política pueden orbitar juntos. Si el reloj llega a cero y el SLS no despega, la próxima ventana se abre el 30 de abril. Y si esa también falla, la Luna seguirá ahí, indiferente, esperando a ver quién cumple la promesa que el hombre dejó escrita en polvo hace 52 años.