Cierran el estadio nacional tras fiesta que terminó entre latas y vecinos despiertos a las 4 a.m.
Lima amaneció este domingo sin su coliseo deportivo. La Municipalidad clausuró el Estadio Nacional —43.000 butacas, césped que ha visto llorar a la selección y cantar a JLo— porque el festival de salsa Una noche de salsa 14 lo dejó convertido en basural y altavoz. Dos días de Niche, Gran Combo y Sonora Ponceña acabaron a las cuatro de la mañana con botellas de cerveza en los baños VIP, bolsas de plástico colgando de las vallas y ruido que se coló por las ventanas de Jesús María como si fuera un tren de carga.
La multa: 100.000 soles por una noche que se les fue de las manos
La cifra habla por sí sola: 28.800 dólares de multa y 48 horas para que el Instituto Peruano del Deporte (IPD) explique por qué su escenario se convirtió en pista de baile desbordada. La comuna encontró aglomeración, desorden, residuos sólidos y ruido fuera de horario. Es decir, todo lo que la ordenanza metropolitana prohíbe y que la productora Tropimusic Entertainment firmó que respetaría. El contrato, ahora, es papel mojado.
El IPD no se arruga. «Respaldamos la clausura», dicen en un comunicado donde cargan la culpa a la empresa privada y prometen sanciones internas a los funcionarios que debían vigilar el cumplimiento del contrato. Pero lo que nadie cuenta es que el dinero de la renta —cerca de medio millón de soles por los dos días— ya está en sus cuentas. El escándalo, no.

Los vecinos de jesús maría: «esto no es la primera vez»
Desde los edificios que dan a la avenida José Díaz, los reclamos son un disco rayado. «Anunciaban que terminaba a las dos. A las cuatro seguía la música y los taxis tocando bocina», cuenta Mónica Palacios, que grabó el desmadre desde su balcón. El video se viralizó: se ven pasillos del estadio convertidos en barras improvisadas, gente bailando sobre los asientos y un olor a mezcla de cerveza y sudor que se pegaba a la ropa.
El alcalde de Lima, Rafael López Aliaga, ya advirtió que el Estadio no reabrirá hasta que presenten un plan de contingencia que incluya control de decibelios, puntos de recojo de basura y operativos de serenazgo. O lo que es lo mismo: menos fiesta descontrolada y más gestión.
Mientras tanto, la selección peruana tendrá que seguir entrenando en la Videna y los aficionados esperan que la FIFA no reprograma su próximo partido por «indisposición del estadio». La salsa se llevó el escenario. Y la factura la pagamos todos.
