Colombia baja el desempleo al 9,2% pero el empleo que nace ya se muere en el campo

El 9,2% suena a victoria hasta que uno pregunta dónde están esos puestos. El Dane acaba de confirmar la cifra más baja para un febrero en 25 años, pero en la misma página revela que la agricultura perdió 363.000 trabajadores en doce meses. El campo se vacía mientras el Estado engorda: educación, salud y defensa sumaron 244.000 nuevos nóminas. La economía no creció; cambió de uniforme.

El salario vital que no alcanza para vivir

$2 millones es el nuevo piso legal y el ministro Antonio Sanguino celebra que no haya destruido empleo. Tiene razón en la forma, no en el fondo. El incremento del 23,7% se traga la inflación proyectada y aún así la informalidad se niega a bajar del 50%. La mitad del país sigue sin cotización, sin pensión, sin vacaciones. El "salario digno" se convirtió en un espejo que refleja lo que falta, no lo que alcanza.

El detalle que nadie firma es que los 624.000 nuevos ocupados crecieron porque 176.000 personas dejaron de buscar. La tasa de participación está congelada desde 2023. Bajar el desempleo desalentando a la gente es como bajar la fiebre tirando el termómetro. Carlos Avilán lo resume en una frase que duele: «No es recuperación, es desaliento estadístico».

El empleo que se bifurca: formal para unos, precario para el resto

El empleo que se bifurca: formal para unos, precario para el resto

Los gremios ven el vaso medio lleno: crecieron los asalariados privados y los empleadores. Pero también crecieron los domésticos y los jornaleros, categorías que viven al día y sin protección. La presidenta de AmCham, María Claudia Lacouture, advierte que la calidad no respeta la urgencia. «El reto no es solo bajar la tasa, es que el trabajo dure más que un contrato de prueba», me dijo anoche, antes de colgar para preparar su discurso a los inversionistas que aún no deciden si vienen.

Mientras tanto, la senadora Paloma Valencia usa el informe como arma de campaña. Fabio Arias, jefe de la CUT, la desafía a celebrar la misma cifra que ella cuestionó hace un año. La política se alimenta del instante; el mercado laboral, de perspectivas que no llegan.

La lección es tozuda: puedes subir el salario, pero no puedes obligar a la productividad a subir con él. El campo sigue sin tierra, el transporte sin obras, la construcción sin crédito. El empleo que nació en febrero ya está en incubadora, y la próxima crisis laboral no será de números, de falta de sentido. Colombia aprendió a contar trabajos, no a crear futuros.