Colombia confirma que 'iván mordisco' escapó con vida del bombardeo

'Iván Mordisco' respira. El hombre que el Gobierno colombiano lleva doce semanas intentando borrar del mapa logró salir del bombardeo entre Guaviare y Vaupés con heridas graves, sí, pero con pulso. El Instituto Nacional de Medicina Legal despejó la duda: entre los seis cadáveres que dejó la última operación aérea no figura Néstor Vera Fernández.

La pareja sí cayó

Lorena, la mujer que compartía con él las noches de selva y las cuentas bancarias de la disidencia, no tuvo la misma suerte. Dos de los cuerpos aún no han sido identificados, pero una fuente de inteligencia apunta que uno de ellos es alias 'Lorena', la mano derecha de Mordisco y, según los informes, su compañera sentimental. El golpe es personal. También es político: la muerte de Lorena deja al jefe de las disidencias del Estado Mayor Central sin su filtro de confianza en una estructura que ya agoniza por dentro.

El Ejército lanzó doce operaciones aéreas contra él desde que Petro llegó a Palacio. Doce. La cuenta revela una obsesión: cada bomba busca desmantelar el último reducto de las FARC que se niega a desarmar. Mordisco, sin embargo, se ha convertido en un fantasma con móvil satelital: aparece en grabaciones, envía mensajes a sus tropas y desaparece antes que llegue el humo de la explosión.

La familia entregada por sus propios

La familia entregada por sus propios

Lo que sí ha resquebrajado su entorno es la delación. Andrés, Juan Gabriel y Luis Vera Fernández —sus hermanos— cayeron en los últimos meses tras ser señalados por excombatientes que ahora cooperan con la justicia. El ministro de Defensa, Pedro Sánchez, lo dijo sin anestesia: “Fue la colaboración de terceros”. Traducción: alguien de su propio círculo vendió a la familia por reducir condena. La paranoia se ha instalado en las filas de Mordisco como una segunda enfermedad.

Mientras tanto, el líder herido se arrastra por la selva. Las fuentes de El Tiempo hablan de un desplazamiento “por zonas de difícil acceso en busca de atención médica”. Es decir: sin hospital, sin médico, sin red. Solo su escolta y la certeza de que cada nuevo amanecer puede traer otro dron.

Colombia lleva cinco décadas intentando cerrar el capítulo guerrillero. Mordisco es el último párrafo que se resiste a ser escrito. Herido, perseguido y sin familia, aún puede morir de dos formas: de forma lenta por la sangre que pierde, o de golpe cuando el próximo misil acierte. La apuesta del Gobierno es que sea lo segundo. La selva, como siempre, tiene la última palabra.