Colombia despunta: el desempleo cae al 9,2% y toca su febrero más bajo en cinco años
El reloj del DANE marcó este lunes 9,2% y el país respiró. Febrero cerró con 1,1 puntos menos de paro que hace doce meses, la cifra más ligera para ese mes desde 2021. La recuperación no es un espejismo: 692.000 nuevos contratos se abrieron en cuatro semanas, la mitad en servicios que facturan conocimiento y ocio.

La ciencia y el ocio lideran la fiesta del empleo
Actividades profesionales, científicas y técnicas sumaron 250.000 plazas; la Administración Pública, la salud y la educación aportaron 244.000 más; y el ocio –esa industria que tantas veces miramos por encima del hombro– engordó nóminas con 188.000 fichas nuevas. La estrella invisible: el trabajo informal retrocedió 2,3 puntos hasta el 55,3%, su nivel más bajo en la serie histórica que el DANE lleva desde 2020.
Pero no todos los territorios celebran. Quibdó aún arrastra un dramático 26,3% de desocupación; Riohacha y Cartagena se enredan en el doble dígito. La brecha de género, además, sigue siendo una herida abierta: 11,7% de las mujeres están sin trabajo frente al 7,4% de los hombres. Son 4,3 puntos de diferencia que equivalen a casi medio millón de colombianas fuera del mercado.
El campo, mientras tanto, despide. La agricultura, la ganadería y la pesca aligeraron 363.000 campos de trabajo en un solo mes. La razón: ciclo de precios internacionales que hace más rentable la siembra mecanizada que la mano de obra intensiva. Es la cara oscura del éxito urbano.
La ocupación trepa al 58,7%, siete décimas arriba del febrero pasado, y la tasa de participación se mantiene firme en el 64,7%. Traducción: hay más gente buscando y encontrando. Bogotá, con un paro del 8,2%, ya huele a pleno empleo; Villavicencio y Neiva la siguen de cerca. El país se divide entre las ciudades que engullen talento y las que aún lo expulsan.
El dato no es solo estadístico: es político. A nueve meses de las elecciones regionales, los alcaldes de Quibdó, Riohacha y Cartagena tendrán que explicar por qué sus vecinos no encuentran trabajo mientras el resto del país suma filas a la seguridad social. La balanza está en movimiento y, por primera vez en años, parece inclinarse del lado de quienes apuestan por la formalidad.
