Colombia rompe récord de empleo: el sector profesional lidera el cambio

Colombia cerró febrero de 2026 con una tasa de desempleo del 9,2%, el dato más bajo para ese mes desde 2021. No es un número cualquiera: representa una caída de 1,1 puntos porcentuales frente al mismo mes del año anterior, cuando el indicador rondaba el 10,3%. El Dane lo confirma. El mercado laboral colombiano respira distinto.

El motor inesperado que movió las cifras

Lo que más sorprende no es la caída en sí, sino quién la protagonizó. El sector de actividades profesionales, científicas, técnicas y de servicios administrativos incorporó 250.000 personas a la población ocupada en ese periodo. Nada de minería. Nada de construcción masiva. Fue el conocimiento especializado el que absorbió mano de obra, sobre todo en las ciudades grandes, donde la demanda de perfiles técnicos y administrativos lleva meses acelerándose sin que nadie le preste demasiada atención.

Esa nebulosa de posibilidades que suele preceder a los cambios estructurales en una economía tiene, esta vez, una forma concreta: oficinas, contratos de consultoría, servicios tercerizados y una creciente formalización de trabajos que antes vivían en la informalidad. Colombia está experimentando, en silencio, una recomposición de su tejido productivo.

La brecha que los titulares no cuentan

La brecha que los titulares no cuentan

Pero hay un detalle que las celebraciones oficiales tienden a suavizar. La tasa de desocupación masculina se ubicó en 7,4%. La femenina, en 11,7%. Una diferencia de 4,3 puntos porcentuales que no se explica con una sola variable y que tampoco desaparece por decreto. Las mujeres siguen enfrentando un mercado laboral que mejora a dos velocidades distintas según el género de quien busca trabajo.

La cifra habla por sí sola: cada avance general convive con una desigualdad estructural que lleva décadas resistiendo políticas públicas, campañas y buenas intenciones. El mercado absorbe, sí, pero no absorbe igual a todos.

Lo que viene después de un mínimo histórico

Lo que viene después de un mínimo histórico

Las autoridades económicas atribuyen la mejoría, en parte, al dinamismo de los servicios profesionales y administrativos. Una lectura razonable. Lo que no dicen con la misma claridad es que sostener este ritmo exige algo más que inercia sectorial: requiere que la demanda de perfiles especializados no se enfríe con el primer ajuste de tasas o la primera señal de desaceleración global.

Colombia tiene hoy su mejor febrero en cinco años. La pregunta no es si eso es bueno, porque lo es. La pregunta es si el país tiene la infraestructura de formación, la estabilidad contractual y la política de género para que ese 9,2% no sea un techo, sino el piso desde el que se construye algo más duradero. Por ahora, el número existe. Y eso, en un país con la historia laboral de Colombia, ya es una declaración de intenciones.