Congo roza el mundial 48 años después: su drama y su fe se juegan en guadalajara
La lluvia fina de Guadalajara no logró apagar el fuego que llevan dentro. 26 futbolistas del Congo, país desgarrado por guerras olvidadas y riquezas saqueadas, entrenaron este lunes con la risa de quien ya perdió todo menos la ilusión. Mañana, a las 20:00 horas locales, el estadio Akron puede devolverles a una Copa del Mundo que no pisaron desde 1974, cuando el planeta los conocía como Zaire y Pelé los dejó sin margen de gloria.
El olor a tierra mojada mezclado con sudor africano
En la cancha del Verde Valle, sede de las Chivas, los leopardos de Sebastien Desabre corrieron apenas 40 minutos. Luego toques, rondos y esa broma constante que esconden los equipos que se saben a punto de saltar al abismo. Cédric Bakambu, ariete del Betis y exceso de casta en la Premier, resumió el sentimiento: «El fútbol en casa es lo único que nos queda intacto. Ganar mañana sería mandarle a nuestros hermanos un mensaje de que todavía se puede soñar».
El técnico francés, obsesivo con la climatología, ha llevado al grupo a entrenar a las 14:00 para que el sol de Jalisco les queme la piel y les prepare el pulmón. Promete 32 grados con sensación de 38 en la hora del partido. «Aquí no se regala ni un litro de oxígeno», dijo Desabre antes de cerrar la sesión sin periodistas.

La última vez que pisaron un mundial les goleó escocia y les humilló el micrófono
La historia apenas conserva unos segundos: el portero Kidumu Mantantu mirando al cielo mientras el balón deja la red temblando. Fue el 0-3 contra Escocia en el mundial de Alemania. Desde entonces, el país renació y se desangró: dos guerras, cinco millones de muertos, un presidente que repite mandato y una FIFA que nunca les perdonó el ranking. Ahora la oportunidad pasa por superar a una Jamaica sin Haile Selassie ni Marley pero con velocidad de Premier que espanta.
El ganador del cruce se meterá en el grupo K del próximo verano: Portugal, Colombia y Uzbekistán les esperan. El Congo volvería a escribir su nombre en mayúsculas, esta vez sin necesidad de disfrazarse. Y si caen, la espina seguirá clavada otros 48 años.
La lluvia ya se detuvo. En las gradas del Akron queda solo el eco de los cánticos que ensayaron los diez aficionados congoleños que pudieron llegar a México. El resto del país se quedará pegado a una radio que se sobrecalienta cada vez que el locutor grita «but de la RDC». La noche del martes, o celebran o entierran otro sueño. No hay punto medio en la selva.
