Congo se juega 50 años de historia contra jamaica en guadalajara

Guadalajara huele a lluvia y a sudor africano. En la sala de prensa del Estadio Akron, Sébastien Desabre aprieta el micrófono como quien sujeta la garganta del destino: «Este partido lo jugamos por todo un país que nunca vio su bandera en un Mundial». La frase cae pesada. A fuera, 25 jugadores congoleños repiten el gesto: manos en el pecho, ojos al cielo, la misma letanía que sus padres coreaban cuando Zaire se perdió en Alemania 1974.

Una sola noche para borrar medio siglo

La República Democrática del Congo llega a Jalisco con la maleta rota de las eliminatorias: tres años, doble sede por guerra en el este, aviones charter pagados con fondos de la diáspora y un solo objetivo —vencer a Jamaica este martes— para romper la sequía de cinco décadas sin Copa del Mundo. El técnico francés lo resume en una metáfora de andamios: «Hemos subido peldaño a peldaño; este es el último, el más resbaladizo».

El contraste es brutal. En el mismo rectángulo donde Chivas despidió a su entrenador hace dos semanas, los leopárdos africanos entrenaron ayer bajo llovizna tibia. Cédric Bakambu, delantero del Betis, se ríe con los periodistas mexicanos que le piden pronóstico: «El fútbol congoleño no es una promesa, es un torrente; solo falta que el mundo lo vea». La frase suena a eslógan, pero detrás hay números que desmienten al optimismo: la FIFA coloca a Congo en el puesto 67; Jamaica, 55. Ambos equipos llegan invictos en la fase intercontinental, pero los caribeños suman seis puntos más.

La prueba de alarma que interrumpió la conferencia de Desabre fue un chispazo de nervios. Durante 47 segundos, los periodistas evacuaron sin saber si era simulacro o amenaza real. El timbre paró, el francés volvió al estrado y soltó la frase que circula ya en WhatsApp de Kinshasa a Lubumbashi: «Incluso la alarma sabe que esto es más que fútbol».

Calor, altura y la maldición de los 1974

Calor, altura y la maldición de los 1974

El Estadio Akron despide reflejo metálico a las 15:00. La cancha estará a 31 °C y 1.550 m de altitud cuando el árbitro pite el inicio. Para los congoleños, aclimatarse significó entrenar a las mismas horas que los gallos de pelea locales: 13:00, 15:00, 17:00. «El sol quema, pero quema igual para los dos», dice el preparador físico congoleño, que llevó sensores de humedad desde el río Congo para comparar datos.

El historial no ayuda. Zaire 1974 terminó con tres derrotas, 0-14 en goles y la imagen de Mwepu Ilunga pateando el balón a un árbitro que señalaba barrera. Los memes aún flotan en Twitter cada vez que la RDC juega una eliminatoria. «Nadie recuerda que éramos campeones africanos en 1968; todos guardan la foto del error», se queja el delegado del equipo, que ha pedido a FIFA filtrar los archivos para cambiar el algoritmo de búsqueda.

Si vencen a Jamaica, Congo caerá en el Grupo K con Portugal, Colombia y Uzbekistán. El premio: tres partidos de cartón, 12 millones de dólares de premio FIFA y un desfile en Kinshasa que ya prepara el ministerio de Obras Públicas: han pintado la avenida Lumumba con los colores de la bandera sin que nadie les haya garantizado victoria.

La noche previa, en el hotel Hilton de Zapopan, los jugadores cenaron fufu importado y pollo a la plancha. El chef mexicano aprendió a amasar la yuca tras ver un tutorial de YouTube. «Si perdemos, al menos habremos ganado en sabor», bromea Yoane Wissa, goleador del Brentford. La broma dura poco: a las 22:00 entra el psicólogo deportivo con una presentación de PowerPoint titulada «Cómo olvidar 1974 en 90 minutos».

El martes, cuando suene el himno congoleño, 95 millones de personas callarán el tráfico en las esquinas de Kinshasa. Los vendedores de minerales coltán apagarán las radios portátiles; las mamás pondrán a sus bebés frente al televisor como si fuera un bautizo. Desabre lo sabe: «No viajamos 13.000 kilómetros para empatar; venimos a borrar una fecha que muchos ni vivieron, pero todos recuerdan». El último peldaño es de césped sintético y duele en los tobillos. Cruzarlo significe volver a ser Zaire, pero con otro nombre y otra historia que contar.