Congreso peruano cierra sus puertas tras 31 años: un salto a la bicameralidad incierto
Lima, 25 de junio – El Parlamento peruano, una institución marcada por la inestabilidad y la crisis institucional, ha concluido oficialmente sus funciones después de tres décadas. El cierre de las sesiones plenarias marca el inicio de un proceso de transición hacia un sistema legislativo bicameral, una reforma que, lejos de ser un avance, se presenta como un terreno fértil para nuevas disputas políticas.
nUn legado de supervivencia
nFernando Rospigliosi, presidente interino del Congreso, calificó el periodo 2021-2026 como un “papel decisivo para preservar la democracia” en un país que, en repetidas ocasiones, estuvo al borde del abismo institucional. La referencia al “abismo” es, en sí misma, reveladora de la fragilidad de las instituciones peruanas, una precariedad que se palpa en cada decisión, en cada voto. Pero, ¿qué significa realmente ese ‘papel decisivo’? Más allá del intento fallido de golpe de Estado en diciembre de 2022, y de la urgencia de aprobar la reforma constitucional que reinstaura la bicameralidad – un referéndum en 2018 había rechazado rotundamente esa idea – el Congreso logró, quizás, evitar un colapso total. Un logro modesto, pero tangible.
nRospigliosi reconoció ‘errores y decisiones’ que “serán evaluadas por la historia”, un eufemismo que deja entrever la profunda desconfianza que el electorado siente hacia el Parlamento. La reforma, impulsada por la propia Fujimori, es un punto de inflexión, pero no una solución. La transición a una bicameralidad no garantiza la estabilidad; requiere un cambio de cultura política que, a día de hoy, parece lejano.
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Un futuro incierto en la pirámide
nLa nueva configuración legislativa, con 130 diputados y 60 senadores elegidos en abril, reflejará la intensa polarización política que caracteriza al país. Partidos de derecha, centro y izquierda – incluyendo representantes de la Renovación Popular, Fuerza Popular y Juntos por el Perú – se enfrentarán en un escenario de alta tensión. La capacidad de legislar “con técnica, visión de país y responsabilidad”, como instó Rospigliosi, es un desafío enorme, especialmente en un contexto de profundas divisiones sociales y económicas. La estabilidad institucional, esa promesa incumplida durante décadas, dependerá de la voluntad política de los nuevos legisladores, y de la capacidad de superar las heridas del pasado.
nLa elección de Keiko Fujimori como presidenta en 2026, con el respaldo de su partido y otros bloques, agrega una capa de complejidad a este proceso de transición. El futuro del Congreso, y del país, se decide ahora en las urnas. Una decisión, en definitiva, que marcará el rumbo del Perú durante los próximos cinco años. No hay, en este momento, ningún indicio de que la situación vaya a mejorar.”n
