Corea del norte prueba un motor que puede llevar un icbm a washington
El humo blanco ascendió en una columna que ni KCNA se atrevió a datar. Fue la señal de que Pyongyang ha dado un paso más —y no menor— hacia el objetivo que se marcó en el noveno Congreso del Partido de los Trabajadores: un misil que alcance cualquier rincón del planeta. El ensayo, revelado este domingo, consistió en un motor de combustible sólido de 2.500 kilonewtons de empuje, construido con fibra de carbono para que pese menos y vuele más.
El núcleo duro del plan quinquenal de kim
La cifra habla por sí sola: 2.500 kN es casi el doble que el motor del Hwasong-17, el ICBM estrenado en 2022. Con esa potencia, el proyectil que aún no tiene nombre —pero que los analistas de Seúl bautizan ya como Hwasong-20— podría cargar varias ojivas y llegar a la costa este de Estados Unidos sin necesidad de lanzarse desde el territorio norcoreano. El truco está en el combustible sólido: no necesita ser llenado en la rampa, lo que reduce la ventana de detección de los satélites.
Kim Jong-un supervisó el ensayo y, según el comunicado oficial, lo calificó de “gran importancia” para elevar el “poderío estratégico” del país. Lo que no dijo el régimen es cuándo ni dónde ocurrió. La respuesta la tienen los servicios de inteligencia surcoreanos: la prueba se realizó en la base de Sohae, en la costa noroeste, la misma que Washington intentó cerrar a cambio de alivio sancionador en 2019. El acuerdo se rompió y el territorio volvió a llenarse de grúas y tubos de escape.

El mensaje que llega a washington y a moscú
El ensayo del motor no es una anécdota técnica. Aparece en medio de un año electoral en Estados Unidos y mientras Moscú busca munición para Ucrania. En febrero, Pyongyang despachó contenedores que el Pentágono identifica como “armamento balístico” hacia los depósitos rusos. A cambio, Moscú filtra tecnología de reentrada y satélites que antes estaban vetados. El círculo se cierra: el motor de fibra de carbono puede tener componentes cuya procedencia no es ni china ni norcoreana.
En Seúl, el nuevo mandatario Yoon Suk-yeol convocó ayer un consejo de seguridad de urgencia. La conclusión, resumida en tres líneas: el Norte ya no necesita hacer explosiones nucleares para recordar al mundo que tiene la bomba; le basta con mostrar que puede entregarla en minutos. El próximo paso, alertan los analistas, será un vuelo completo del Hwasong-20 con una ojiva de prueba que cruce el Pacífico. Si ocurre, será la primera vez que un misil norcoreano sobrevuela territorio estadounidense sin ser interceptado.
La última vez que Pyongyang probó un motor de este tipo fue en 2017. Entonces, Donald Trump respondió con un aumento de buques y Twitter. Ahora, Joe Biden calla y envía bombarderos stealth a Guam. La partida ha cambiado, pero la regla es la misma: el que muestra primero la carta gana. Corea del Norte acaba de enseñar la suya y, esta vez, no parece de mentira.