Cossio activa una 'bomba apestosa' en pleno vuelo y avianca le pasa la factura al congreso

Un olor a azufre recorrió la cabina del avión cuando el Airbus A330 sobrevolaba el Atlántico a 10.000 metros de altura. El pasajero del asiento 3A, el influencer Yeferson Cossio, había introducido en su equipaje de mano un artilugio que juró ser un «juguete inofensivo». Hoy, diecinueve días después, Avianca anuncia demanda civil y empuja al Legislativo colombiano a endurecer el Código Aeronáutico. La jugada del contenidista se le ha vuelto en contra: de broma viral a posible delito.

El relato de cossio: «no hubo riesgo, solo tres minutos de hedor»

En su comunicado, Cossio insiste: el artefacto —una pequeña ampolla de plástico que se rompe para liberar un compuesto sulfuroso— no es inflamable, no altera la presión de cabina y su efecto dura «el tiempo de un TikTok». Rechaza que fuera un stunt publicitario y exhibe un video donde rocía ambientante de vainilla sobre el pasillo. 12,3 millones de seguidores lo miran; la tripulación, no tanto.

Lo que Cossio omite es que, en un espacio hermético, cualquier contaminante se recircula por los ductos del avión. Los protocolos de la IATA obligan a declarar sustancias químicas antes del embarque. El influencer, al saltarse esa norma, convirtió al A330 en una cámara de gas olfativa a 900 km/h.

La versión de avianca: «estuvimos a un compuesto tóxico de un desvío de emergencia»

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La aerolínea desmonta punto por punto la versión del creador. Según su informe interno, el capitán valoró un aterrizaje en Azores si el olor se intensificaba. El protocolo de «pasajero disruptivo» se activó cuando Cossio reconoció que transportaba el artefacto sin etiqueta MSDS. El vuelo AV10 llegó a Madrid con 37 minutos de retraso y una factura extra de 28.000 dólares por combustible y tasas de desvío no ejecutadas.

Avianca no va a perdonar. La compañía pedirá daños y perjuicios y ha convocado a los presidentes de las comisiones de Transporte de Senado y Cámara para presentar un proyecto que eleve las multas hasta 500 salarios mínimos y permita incluir a los influencers en la lista negra aérea compartida de Latinoamérica.

El congreso se mueve: ¿multa millonaria o cárcel para los 'pranksters' de cabina?

La iniciativa ya tiene nombre clave: «Ley Anti-Cossio». El texto, al que tuvo acceso este medio, prevé tipificar como «alteración de la seguridad aérea» cualquier introducción no declarada de sustancias químicas, incluso si son «inertes». La pena: hasta cinco años de prisión si el vuelo se ve obligado a alterar ruta.

La diputada Ángela Garzón, ponente del proyecto, resume la irritación legislativa: «Mientras el país debate la reactivación del turismo, un señor convierte un avión en su set de YouTube. Si queremos seguir exportando flores y cafés, necesitamos que los cielos no sean un reality show».

Cossio, entretanto, sigue monetizando. Entre ayer y hoy ha subido dos stories promocionando una marca de colonias. En los comentarios, sus fans le gritan «¡Capo!» y le piden que repita la «travesía apestosa». Él responde con emojis de fuego. Avianca responde con abogados. La factura final aún no llega, pero ya huele a puro azufre.