Costa rica blinda su crecimiento: 4% en 2026 pese al frenón de ee.uu.
La promesa de crecer un 4% en 2026 ya no es un deseo de campaña: es el guión que Juan Pablo Arias, estratega de BN Valores, repite frente a los inversores que temen la sombra del desacelerado gigante del norte. El mensaje es claro: EE.UU. puede estancarse, pero Costa Rica ya no depende de un solo cliente.
La clave está en el salto de especialización. Mientras el café y las piñas siguen en los contenedores, el dinero ya viaja por fibra óptica: servicios de software, dispositivos médicos y microchips ensamblados en zonas francas que facturan más que diez plantaciones. La manufactura avanzada —esa que no se ensucia las manos— ya representa el 29% de las exportaciones y crece al doble de velocidad que el PIB.
El escollo que nadie menciona en la reunión
El Banco Central admite que la tasa de interés seguirá firme: crédito más caro para la casa y el auto, pero también depósitos que seducen al capital extranjero. La contrapartida: un colón que se fortalece lentamente y reduce el margen de los exportadores cuando cobran en dólares. Arias lo resume en una frase que suena a advertencia: “apreciación moderada, pero sin locuras; reservas al 12% del PIB para aplacar cualquier susto cambiario”.
El turismo, ese otro gran colchón, recalcula la ruta. Deja de depender del viajero estadounidense que llega con miedo a la recesión y apunta al europeo que paga en euros y al canadiense que huye del invierno. Aeropuerto de Guanacaste amplía la pista; Airbnb sube precios y aún así llena habitaciones. La apuesta verde sigue funcionando.

Por qué 2026 no será 2008
En la sala de juntas del IICE-UCR los economistas discuten si tocarán el 4,8%. El optimismo les dura hasta que recuerdan la fuga de Intel en 2014 y el cierre de Amazon en Cartago. La lección quedó grabada: diversificar destinos y no dormirse en la renta de la zona franca. Por eso, pese al rango de proyecciones (3,6%-4,8%), la mediana se acomoda en el 4% que ya aparece en los presupuestos públicos.
La advertencia final de Arias suena a manual de supervivencia: endeudarse en colones, no mirar el tipo de cambio cada día y guardar liquidez para el “evento Trump” que nadie sabe cuándo llega. Costa Rica no crece por milagro; crece porque aprendió que el viento de afuera cambia de dirección y ya no le tiembla el timón.