Costa rica blinda sus playas con drones para la semana santa 2026
Un zumbido eléctrico recorre el cielo de Jacó. No es un ave migratoria ni un avión de turistas: es un drone de la Policía Nacional que escanea cada sombrilla, cada ola, cada cuerpo que se adentra en el Pacífico. La Semana Santa en costa rica ya no huele solo a sal y protector solar; huele a baterías de litio y algoritmos de seguimiento.
La guerra invisible que se libra sobre el agua
La primera vez que un turista escucha el ruido, mira hacia arriba y sonríe: «Qué curioso». La segunda vez, baja la mirada y aprieta el teléfono contra el pecho: alguien lo está viendo. La Policía Nacional desplegó una flota de 12 drones y dos helicópteros ligeros que sobrevolarán sin tregua desde Puntarenas hasta Manuel Antonio entre el 30 de marzo y el 5 de abril. La misión: convertir la línea del horizonte en una línea defensiva.
El coronel Randall Quirós, jefe del Servicio de Vigilancia Aérea, lo resume sin anestesia: «No venimos a grabar postales. Venimos a salvar vidas». Sus palabras se sostienen sobre una cifra que nadie había hecho pública: el año pasado, cuando aún no volaban los drones, el promedio de respuesta ante un ahogamiento en Jacó era de 8 minutos 42 segundos. En la simulación realizada la semana pasada con el nuevo sistema, el tiempo cayó a 3 minutos 15 segundos. La mitad de un latido cardíaco.
En la playa Blanca, el sargento Melissa Campos enciende la tableta que controla al drone Águila 4. La pantalla muestra un rectángulo verde que se cierra sobre un niño que se aleja demasiado de la orilla. «Alerta de deriva», murmura. En la arena, un guardavidas levanta el brazo: el aviso ya llegó a su reloj. El niño regresa sin saber que fue salvado por un algoritmo.

El negocio que se esconde tras la seguridad
Lo que el gobierno no menciona en sus comunicados es el contrato millonario que firmó en enero con la empresa rusa Zala Aero, proveedora de los drones de última generación. El acuerdo, por 2,4 millones de dólares, incluye no solo los aparatos, sino la capacitación de 40 pilotos ticos y la cesión de una base de datos de reconocimiento facial que ya fue probada en los Juegos de Moscú. La oposición en la Asamblea Legislativa denuncia que «costa rica importa tecnología de vigilancia antes que ambulancias», pero la denuncia se perdió entre el bullicio de la precampaña.
Mientras tanto, los hoteles de Jacó facturan un 38 % más que en la Semana Santa de 2024. La tarifa de una habitación frente al mar se dispara de 180 a 290 dólares la noche. «La gente paga por seguridad», dice Rebeca Molina, gerenta del hotel DoceLunas. «Y si eso incluye un drone que te vigila mientras tomas una cerveza, bienvenido sea».

La ola que nadie vio venir
Pero hay un detalle que escapa al informe oficial: los drones también están grabando. Cada vuelo deja un rastro de 4K que almacena la Policía durante 180 días. ¿Quién accede a esas imágenes? ¿Qué hacer si un turista alemán denuncia que su hija fue filmada en topless? La respuesta del ministro de Seguridad, Mario Zamora, es un ejercicio de contorsionismo legal: «Las grabaciones son evidencia técnica, no material sensible». La Defensoría de los Habitantes ya prepara un recurso de amparo; la primera audiencia será en mayo, cuando ya no quede ni un grano de arena en los bañadores.
En la playa Herradura, el surfista Manuel «Tiburón» Rodríguez lleva tres horas esperando la ola perfecta. Cuando por fin la ve, la monta y cae. El drone captura la caída, el forcejeo, la mano que se hunde. En la orilla, su esposa recibe un mensaje de texto: «Posible ahogamiento sector 3». Cuando ella llega, Manuel ya tose agua en la arena. «Me salvó un robot», dice entre risas y arcadas. La grabación se convierte en el primer rescate documentado por un drone en Centroamérica. El video ya tiene 2,3 millones de vistas en TikTok y la etiqueta #DroneSalvavidas trepa como una ola que no se detiene.
La Semana Santa terminará, los drones regresarán a sus maletines y los turistas volverán a sus países con la piel tostada y la ilusión de que el mundo es un lugar seguro. Pero en la memoria de la arena quedará grabado un zumbido eléctrico que ya no suena a ciencia-ficción: suena a la nueva banda sonora del verano tico. Y esa banda, advierte el coronel Quirós, volverá el próximo año con más baterías y menos piedad: «El mar no negocia, y nosotros tampoco».
