Cuba al borde del colapso energético: apagones masivos y desabastecimiento

La sombra de la escasez se extiende por Cuba. Este domingo, más de la mitad del país, aproximadamente el 58% de la población, se enfrentará a cortes de electricidad que podrían durar hasta la noche, sumiendo a hogares, comercios y servicios en una oscuridad cada vez más prolongada. La situación, ya crítica desde mediados de 2024, se ha agravado con el persistente bloqueo económico de Estados Unidos, pero la realidad es que la isla se encuentra al borde del precipicio energético.

Un déficit abismal: oferta contra demanda

La Unión Eléctrica (UNE), el ente estatal encargado de la distribución de energía, reconoció un déficit alarmante: una capacidad de generación de apenas 1.278 megavatios (MW) frente a una demanda máxima que supera los 3.000 MW. La diferencia, un agujero de 1.722 MW que se traduce en una afectación estimada de 1.752 MW, es la que obliga a desconectar sistemáticamente amplias zonas de la isla. La UNE admite que la situación se mantiene crítica desde la víspera y durante la madrugada, pero la verdadera magnitud del problema reside en el estado deplorable de las centrales termoeléctricas.

Siete de las 16 unidades de generación termoeléctrica del país están fuera de servicio, un porcentaje alarmante que representa el 40% del llamado “mix energético”. Lejos de ser una consecuencia directa del bloqueo estadounidense, como insiste el gobierno cubano, este problema es el resultado de décadas de obsolescencia, falta de inversión y un mantenimiento deficiente. El resto de la energía proviene de motores diésel y fueloil, una fuente aún más precaria y costosa.

La llegada del petróleo ruso: un respiro agónico

La llegada del petróleo ruso: un respiro agónico

La reciente llegada del buque petrolero ruso Anatoly Kolodkin, cargado con 730.000 barriles de crudo, ha generado una leve esperanza. Sin embargo, el proceso de refinamiento y distribución tomará al menos tres semanas, lo que significa que el alivio será lento y temporal. Cuba necesita, en promedio, unos 100.000 barriles de petróleo diarios, y solo produce 40.000 localmente, dependiendo del resto de importaciones que ahora se ven seriamente comprometidas.

Lo que nadie cuenta es el impacto directo de esta crisis en la vida cotidiana de los cubanos. La falta de electricidad paraliza la producción, dificulta el acceso a alimentos y medicinas, y genera un clima de creciente malestar social. Las protestas, aunque reprimidas, son un síntoma de la desesperación que se extiende por la isla. El gobierno, inmerso en un discurso de confrontación con Estados Unidos, parece incapaz de abordar las causas profundas de esta crisis energéticamente insostenible.

El sistema electroenergético cubano ha sufrido siete desconexiones totales en el último año y medio. Expertos independientes coinciden en que la situación actual es el resultado de una combinación letal: la infrafinanciación crónica del sector y el asedio económico impuesto por Washington. Mientras el gobierno cubano se refugia en la retórica antiimperialista, la realidad es que los cubanos se ven obligados a vivir a oscuras, literalmente y figurativamente.

La cifra habla por sí sola: 1.752 MW de afectación estimada para hoy. Un número que, más allá de los tecnicismos, representa el sufrimiento de millones de personas y la fragilidad de un sistema al borde del colapso.