Cuba excarcela al 47 % de los presos políticos prometidos: los 27 que quedan son un test para el vaticano

El régimen cubano cumple a medias. Evelio Luis Herrera Duvergel, de 25 años, salió anoche de la cárcel de Quivicán con una sonrisa de oreja a oreja y una libreta llena de versos que escribió tras las rejas. Es el rehen número 24 que recupera la calle desde que La Habana y el Vaticano anunciaron hace quince días la excarcelación de 51 presos políticos. La cuenta atrás se ha quedado a mitad de camino: quedan 27.

El 11-j sigue condenando aun fuera de la cárcel

Herrera Duvergel cumplía siete años por «sedición» por cantar «Patria y Vida» en las protestas del 11-J. Ahora deberá presentarse cada quince días en la estación de policía, no puede salir del país y una nueva denuncia lo devolvería a prisión sin juicio. «No es un indulto, es un candado con cadena larga», resume su hermana Yudith. El mecanismo legal se llama «licencia extrapenal»: la condena sigue vigente, solo cambia el domicilio.

Prisoners Defenders, la ONG que ha contabilizado cada liberación, advierte que el Gobierno mezcla «delitos de opinión» con comunes para inflar cifras. En el lote anterior, enero pasado, solo 219 de los 553 liberados eran presos políticos. Entre los beneficiados figuraba un hombre condenado por asesinato. Ahora vuelve a ocurrir: la lista incluye a tres convictos por robo con fuerza. La Habana no lo niega; tampoco lo explica.

Washington observa y calla

Washington observa y calla

Las liberaciones coincidieron con el primer contacto oficial entre La Habana y la Administración Biden desde hace dos años. El Departamento de Estado celebra la medida, pero evita vincularla directamente con la reapertura del diálogo. «Nos alegramos por cada familia que recupera a su hijo», dijo un portavoz, «pero seguiremos pidiendo la libertad total de todos los detenidos por ejercer derechos básicos». En la isla, la frase suena a eco lejano.

El gobierno cubano necesita oxígeno externo: la economía contraerá otro 3 % este año y la deuda con proveedores extranjeros supera los 20 000 millones de dólares. El Vaticano, único mediador aceptado por ambas orillas del estrecho de la Florida, condiciona cualquier ayuda financiera al «gesto humanitario» de vaciar las cárceles. La parroquia de la Virgen de la Caridad se ha convertido en la sala de espera de los negociadores.

El número que nadie menciona

Mientras tanto, cuba cierra marzo con 1 214 presos políticos, el registro más alto desde que Prisoners Defenders empezó a contar en 2019. La cifra habla por sí sola: por cada opositor que sale, hay 50 que entran. La mayoría son jóvenes acusados de «desacato» en TikTok o de repartir panfletos que ni siquiera llegan a imprimirse. El delito está en la intención.

Evelio Luis volverá hoy a su casa en Güines, sur de La Habana. Su madre ha preparado frijoles negros y yuca con mojo. «No voy a callarme», dice él mientras enseña la tobillera electrónica que le impide cruzar el límite del municipio. El gobierno puede haber abierto la puerta de la cárcel, pero mantiene la llave del país. Y el Vaticano, que presume de mediador, aún debe explicar qué hacer con los 27 nombres que faltan en la lista. La cuenta regresiva sigue; la cuenta pendiente también.