Cuba se apaga: casi 6 de cada 10 hogares sin luz este domingo
El domingo caerá la noche y con ella el 57 % de la red eléctrica cubana. Será a las 19:30, cuando los aires acondicionados, los fogones y los televisores exigen más corriente de la que la isla puede tragar. La Unión Eléctrica lo tiene calculado: faltarán 1 740 MW, el equivalente a desconectar La Habana entera dos veces.
La cifra habla por sí sola: solo 1 360 MW estarán disponibles frente a una demanda de 3 100 MW. El sistema, desangrado, preferirá apagar antes que arriesgar un colapso total. Así, 1 770 MW quedarán en la oscuridad programada.
El motor roto de la termoeléctrica
Ocho de las 16 plantas termoeléctricas que aún respiran están paradas. No por falta de petróleo venezolano —eso dicen los cables— sino por años de oxido y presupuestos que nunca llegaron. El 40 % del mix depende de esos mastodontes de hierro que datan de los tiempos en que Moscú enviaba repuestos por barco. Hoy los repuestos llegan tarde o nunca y los técnicos improvisan con lo que hay: engrudo, cinta aisladora y fe.
El otro 40 %, la generación distribuida con motores diésel, lleva 72 días en silencio. El Gobierno culpa al bloqueo, pero en los muelles de Matanzas hay tanques vacíos que ni siquiera almacenan. El combustible se raciona para hospitales y hoteles; el resto, a oscuras.

De apagones a estallidos
Desde mediados de 2024 el SEN ha sufrido siete desconexiones totales. Las dos últimas, la semana pasada, dejaron sin semáforos ni señal de celular hasta en El Vedado. En provincias como Ciego de Ávila la luz se va 20 horas seguidas; en la capital, 15. La economía se ha contraído otro 15 % desde 2020 y el malestar ya no cabe en las bateas de WhatsApp: hubo protestas en La Habana y Morón hace apenas cinco noches.
El Cuba Study Group calcula que hacen falta 6 612 millones de dólares solo para que los generadores dejen de sonar como tractores destartalados. Pero el dinero no llega y los rusos, que prometieron invertir, miran ahora hacia sus propios transformadores en Donetsk.
Mientras tanto, los habaneros han aprendido a cocinar antes de las 11 a.m. y a ducharse con el agua que calienta el sol. Las colas para comprar baterías de 12 V crecen detrás de las colas para el pan. Y en cada barrio alguien murmura la misma frase: «Esto no es un apagón, es un modo de vida».
La noche del domingo, cuando el 57 % de la isla se pinte de negro, los cubanos volverán a encender sus mecheros. La llama es pequeña, pero basta para ver que el switch está roto por dentro.
