Cuba se apaga: el 60 % de la isla a oscuras mientras trump regala el crudo ruso

La isla entera respira con un solo pulmón desde hoy. A las 07:00 horas la UNE activó el protocolo de apagón nacional: 1.850 MW que desaparecen de la red al mismo tiempo que desaparece la luz en seis de cada diez cubanos. El pico de demanda alcanzará los 3.050 MW; la planta apenas podrá entregar 1.230. La diferencia, un hueco de 1.820 MW, se cubrirá con oscuridad calculada, cortes por barrios, por horas, por derecho de supervivencia del sistema. No es una avería; es la nueva rutina.

El motor roto de la revolución

Nueve de las dieciséis termoeléctricas que mantenían viva la retórica energética del régimen están mudas. Las otras ladran con respiración de fuel-oil que no llega desde enero, cuando Washington estranguló el suministro de diésel. El 40 % del mix dependía de esos motores; ahora aportan cero. El 40 % restante se apoyaba en plantas obsoletas que llevan décadas sin repuestos; hoy solo funcionan siete. El resultado: un país que se inventó la resistencia como ideología de Estado se ve obligado a apagar los semáforos para que no se derrumbe el último transformador.

El gobierno habla de “bloqueo genocida”; la ONU habla de “acciones que vulneran derechos humanos”. La calle, mientras tanto, habla en voz baja: los coleros de gas butano regresan, las baterías de autos se venden como pan caliente y el precio del kWh en el mercado informal ya se cotiza en dólares. La crisis no es solo técnica; es existencial. Cuando se pierde la luz, se pierde también la última capa de legitimidad que quedaba: la promesa de que el Estado garantiza lo básico.

Rusia desembarca y trump se desmarca

Rusia desembarca y trump se desmarca

El petrolero Anatoli Kolodkin atracó en Matanzas con 740.000 barriles de crudo ruso. No es un acto caritativo: es la devolución de una deuda geopolítica que Moscú mantiene abierta desde la desintegración de la URSS. El Kremlin necesita demostrar que todavía puede proyectar poder en el patio trasero de Washington; La Habana necesita oxígeno para apagar el fuego que ella misma avivó con décadas de improvisación y chantaje.

La ironía llegó 24 horas antes. Donald Trump, preguntado sobre el barco ruso, soltó un “¡Tienen que sobrevivir!” que suena a sentencia de muerte diferida. El mensaje es claro: el crudo puede llegar, pero no habrá puerto seguro. El embargo sigue, la isla sigue a oscuras y el combustible regalado apenas alcanzará para diez días de generación eléctrica si se queman sin miramientos. Después, el hueco vuelve a ser de 1.850 MW y el ciclo se reinicia.

cuba enciende sus apagones con la misma frecuencia con la que otros países encienden la televisión. La diferencia es que aquí el capítulo de hoy ya se sabe de memoria: colas, humo de generadores, carne en mal estado, hospitales con plantas de emergencia que fallan a mitad de una operación. Y al final, la cifra que nadie puede discutir: el 60 % de la isla a oscuras mientras un petrolero ruso descarga 100.000 toneladas de crude que apenas servirán para mantener con vida al cadáver eléctrico del país una semana más. El resto es silencio.