Cucurella se juega el mundial en cornellà: 'cada balón puede ser mi último'

Marc Cucurella entra en la sala de prensa del RCDE Stadium con la mirada de quien sabe que esta noche no es un amistoso cualquiera. El lateral catalán lleva en la mochila 28 años, una Eurocopa en el bolsillo y la certeza de que Luis de la Fuente observa cada gesto, cada carrera, cada balón tocado. «Nunca sabes si será tu última vez con la selección», suelta sin dramatismo, como quien habla del tiempo.

La última prueba antes de la lista definitiva

El partido contra Egipto se ha convertido en un examen de fuego para una veintena de futbolistas que comparten el mismo miedo: quedarse fuera del Mundial. Cucurella lo sabe bien. En Tokio 2020 ya se enfrentó a los africanos y guarda la cicatriz de aquel duelo: «Corren como si el balón fuera agua en el desierto». Ahora, la historia se repite pero con un premio mayor: un billete a Canadá-México-EE.UU. 2026.

El zaguero del Chelsea ha calculado los minutos que restan para que De la Fuente cuelgue la lista en la web de la RFEF. «Son menos de 72 horas de incertidumbre», confiesa mientras se masajea la rodilla derecha, esa que le hizo pasar por quirófano el año pasado. La lesión le enseñó que nada es eterno, ni siquiera el sueño de defender a tu país.

Cornellà, el escenario de sus fantasmas

Cornellà, el escenario de sus fantasmas

Jugar en casa tiene su precio. Su madre, Montse, ha comprado 14 entradas. Su padre, Francesc, lleva días sin dormir. «Cuando pisas el césped y escuchas a tu gente, se te escapan los sentimientos», reconoce. Pero también los demonios: la última vez que vistió la roja en este estadio, España cayó ante Suiza y el debate sobre su titularidad estalló en las redes.

La prensa egipcia llega con sus propias urgencias. Mohamed Salah se quedó en Liverpool pero sus sustitutos —Mostafa Mohamed, Trézéguet— han prometido «hacer sangrar» a la defensa española. Cucurella sonrie: «Que vengan. Aquí no regalamos nada».

El futuro puede esperar: ahora solo existe el presente

La pregunta sobre el Barça cae como un ladrillo. El canterano azulgrana se agarra a la etiqueta del Chelsea —«estoy feliz en Londres»— pero sus ojos delatan el nudo en la garganta. «Si llega una oferta de tu casa, la familia habla. Pero ahora mismo solo pienso en no fallar un pase que me cueste el Mundial». La frase suena a despedida anticipada.

En el vestuario, Luis de la Fuente observa desde la esquina. Lleva un cuaderno donde anota cada detalle: quién llega primero a entrenar, quién se queda 10 minutos más, quién interrumpe la charla técnica. Cucurella sabe que su nombre está en una de esas páginas. La incógnita es si aparece tachado o subrayado.

El partido arranca a las 21:30. Para muchos será un amistoso. Para otros, el día en que sus vidas cambiaron sin que ellos lo supieran. Cucurella calienta en la banda. Su abuela Remei reza desde la grada. En la zona mixta, un periodista japonés que cubrió los Juegos de Tokio murmura: «Este chico corre como si fuera a robarse el balón y el tiempo».

El balón sale al césped. Marc Cucurella respira hondo. En 90 minutos sabrá si su nombre estará en la lista que se publicará el viernes a las 12:00. Hasta entonces, solo existe este instante: el olor a césped mojado, el grito de su madre, la certeza de que cada balón puede ser el último. O el primero de algo más grande.

Cornellà tiembla. El Mundial empieza esta noche.