Cannes: 'la gradiva', el debut que deslumbra y desentierra secretos familiares

Marine Atlan ha irrumpido en el Festival de cannes con 'La Gradiva', una ópera prima que ha conquistado a la crítica y al público, alzándose con el máximo premio de la Semana de la Crítica. No es una simple película, sino una excavación en las entrañas de la adolescencia francesa, un viaje iniciático a través de las ruinas de Pompeya y Nápoles que resuena con ecos del pasado.

Un coming-of-age que huye de los clichés

Lejos de los relatos predecibles del género, 'La Gradiva' teje una trama compleja donde la efervescencia juvenil se entrelaza con las cicatrices de una historia familiar marcada por el dolor. La película sigue a un grupo de estudiantes de instituto y a su profesora de latín, Mercier (Antonia Buresi), durante una excursión escolar a Italia. Entre visitas a museos y excavaciones arqueológicas, los jóvenes se enfrentan a sus propias identidades, deseos y desilusiones, mientras descubren secretos que cambiarán sus vidas.

Pero hay un detalle que distingue a esta película: la conexión entre Toni (Colas Quignard), el protagonista, y su abuela napolitana. Su historia, marcada por la devastación del terremoto de 1980 y la pérdida de su mansión familiar, es el eje central de la narrativa. La película no se limita a mostrar el pasado, sino que lo vincula causalmente al presente, revelando cómo las heridas del ayer siguen afectando a las nuevas generaciones.

Un triángulo amoroso y la mirada de una observadora

Un triángulo amoroso y la mirada de una observadora

La dinámica del grupo se complica con un triángulo amoroso entre Toni, James (Mitia Capellier-Audat) y Angela (Hadya Fofana). La tensión se palpa en cada escena, especialmente durante el viaje en tren a Italia, donde se vislumbra una relación sexual entre James y Angela. A esta ecuación se suma Suzanne (Suzanne Gerin), la estudiante más brillante pero socialmente aislada, que observa a Toni desde la distancia, refugiándose en la lectura de Agatha Christie para escapar de su propia inseguridad. Atlan, con maestría, utiliza a Suzanne como narradora en algunos pasajes, ofreciendo una perspectiva femenina sobre el deseo y la exclusión.

La Gradiva, un mito que resuena en el presente Inspirada en la novela homónima de Wilhelm Jensen, admirada por Sigmund Freud, la película explora la obsesión por una figura mitológica femenina del pasado, simbolizando cómo las experiencias reprimidas resurgen en nuevos escenarios. Toni, en su búsqueda de raíces, se enfrenta no solo al legado emocional de su familia, sino también a su propia identidad y sexualidad, en un paralelismo sorprendente con los monumentos petrificados por la erupción del Vesubio.

La profesora Mercier, por su parte, carga con el peso de liderar a sus alumnos y con su propio vacío existencial, un tema que la crítica anglosajona ha destacado. Sus conversaciones con el conductor italiano y su intento de transmitir el valor de los frescos eróticos de Pompeya revelan la dificultad de conectar con los adolescentes y consigo misma.

La puesta en escena de Atlan es impecable, retratando las relaciones entre los jóvenes con una mezcla de lirismo y crudeza. La humillación final de James por parte de Suzanne, y el éxito académico de esta última, son ejemplos de cómo los lazos dentro del grupo se transforman constantemente.

Con una estructura que establece un paralelismo entre el viaje contemporáneo de los adolescentes y el mito psicoanalítico de la Gradiva, la película se convierte en una reflexión sobre la herencia emocional y los traumas del pasado. 'La Gradiva' no es solo una película, es una experiencia cinematográfica que te atrapa desde el primer momento y te deja una profunda sensación de melancolía y esperanza. La película, adquirida por Elástica Films para su distribución en España, ha sido aclamada con calificativos como “deslumbrante”, “un debut asombroso” y “de enorme ambición artística”.