Caparrós destrona el 'racismo' argentino: 'la caja fuerte', no la piel

Martín Caparrós ha desatado un debate apasionante al rechazar la idea de que Argentina sea el país más racista del mundo, argumentando que la discriminación local se basa en la clase social, no en una política racial premeditada. El escritor, conocido por su agudo análisis geopolítico, desmonta la narrativa promovida en algunos medios internacionales, poniendo el foco en la compleja historia demográfica del país.

Una historia de exclusión, no de pureza racial

En un extenso hilo en X, Caparrós señala que la realidad argentina se distingue por una mezcla demográfica significativa y una ausencia de rechazo político sistemático a la inmigración, factores que, según él, contrarrestan las experiencias de otros procesos migratorios en América Latina. La controversia se inició tras un tuit del actor Samuel L. Jackson, quien acusó a Argentina de ser ‘uno de los países más racistas del mundo’ - una afirmación que Caparrós aborda con precisión y rigor histórico.

El periodista se centra en la cifra del 0,7% de la población negra, argumentando que esta estadística desmiente las denuncias de medios estadounidenses que señalaban la falta de representación de personas de piel oscura en la selección de fútbol. Para Caparrós, la atención se debe centrar en la desigualdad económica, no en la raza.

Raíces de la discriminación: esclavitud y migración

Raíces de la discriminación: esclavitud y migración

El análisis de Caparrós se remonta a la conquista española, atribuyendo el origen del racismo en el Río de la Plata al tráfico de esclavos. Esta práctica, que se extendió a lo largo de siglos, sentó las bases para una jerarquía social basada en el color de la piel. El escritor no niega la existencia de estas jerarquías, pero sí cuestiona la forma en que se narran y se manifiestan en el presente, calificando de ‘patético’ el uso de la composición étnica del plantel de fútbol como prueba de una condición nacional.

Recuerda que entre 1550 y 1800, España ‘secuestró o hizo secuestrar a tres o cuatro millones de africanos’ para sus colonias americanas, y que el sistema esclavista fue el motor de una ideología discriminatoria. El escritor enfatiza que Argentina no fue un gran mercado esclavista, pero sí experimentó una significativa presencia de personas afrodescendientes en tareas domésticas en Buenos Aires de 1810, donde se estima que había alrededor de 10.000 negros.

La inmigración, un factor clave de amalgama

La inmigración, un factor clave de amalgama

Caparrós destaca la importancia de la inmigración masiva, especialmente en el siglo XIX, como un mecanismo clave para la construcción de la identidad argentina. Durante este período, el país recibió a inmigrantes de diversas nacionalidades: italianos, españoles, franceses, alemanes, polacos, rusos, turcos, sirios, portugueses, griegos y japoneses, entre otros. “Y entre ellos se pelearon poco”, afirma, aludiendo a la rápida integración social y la creación de una sociedad diversa y tolerante.

La escuela pública, según Caparrós, fue fundamental en este proceso de amalgama, convirtiéndose en ‘la fábrica incesante de argentinos’. Aunque hubo intentos de resistencia por parte de sectores acomodados contra los recién llegados, considerados pobres y vinculados a corrientes anarquistas o socialistas, estas reacciones no lograron consolidarse a largo plazo. La mezcla, la inmigración y la escuela fueron los pilares de una identidad compleja y diversa.

Finalmente, Caparrós concluye que “La diferencia no está en la piel sino en la caja fuerte”. El escritor remarca que la discriminación se manifiesta de forma más persistente y extendida en la desigualdad económica, y que Argentina ‘fracasó en muchas cosas’ pero ‘triunfamos en mezclarnos’. Por eso, argumenta,