Isabel allende confiesa que agustina bazterrica la dejó sin aliento: 'ese final es un bofetón'

Isabel Allende no suele quedarse sin palabras. Pero cuando cerró Cadáver exquisito, la novela de Agustina Bazterrica, la escritora chilena solo atinó a pedir que le dieran un abrazo a la autora argentina. “Me costó leerlo”, admite en una entrevista con Infobae, “pero ese final es un bofetón que el libro requería”.

La carne que ya no es animal

La historia que desconcertó a Allende ocurre en un mundo donde un virus ha envenenado la carne de todos los animales. La solución humana: criar “subhumanos” para alimentarse. Marcos Tejo, el protagonista, gestiona un centro de distribución de carne humana y recibe como regalo una hembra. En vez de consumirla, la protege. Y ahí empieza el vértigo.

Allende incluye la novela en su nuevo ensayo La palabra mágica para explicar cómo se construye un final memorable. “Yo le habría puesto redención, un guiño de esperanza”, confiesa. “Y la habría arruinado”. Porque lo que Bazterrica construye en las últimas páginas no es un desenlace: es una puñalada que no cicatriza.

El clarín que llegó desde buenos aires

El clarín que llegó desde buenos aires

Bazterrica, nacida en Buenos Aires en 1974, publicó Cadáver exquisito en 2017. Ganó el Premio Clarín de Novela y, tres años después, se convirtió en la única finalista no anglófona del Ladies of Horror Fiction. La traducción inglesa se vende en 14 países y en TikTok hay más de seis millones de visualizaciones bajo el hashtag #CadáverExquisito.

La ironía: una historia sobre la deshumanización del otro se ha convertido en fenómeno global justo cuando las industrias alimentarias buscan carne de laboratorio y los zoos cerraron por falta de visitantes. “La novela habla de animales, pero también de cómo tratamos a los que consideramos inferiores”, dice Allende. Y se toca el pecho: “A mí, que tengo perros, me dolió el alma”.

La argentina ya prepara su tercera novela. Allende, mientras tanto, lleva el libro a cada taller de escritura que da. “No se lo regales a tu suegra”, advierte entre risas. “A menos que quieras que no te hable en Navidad”.