La guerra retiene al 'ángel de la historia' en jerusalén

El Angelus Novus de Paul Klee lleva décadas contemplando el pasado con los ojos abiertos de par en par, tal como lo describió Walter Benjamin en 1940: un ángel empujado hacia el futuro mientras las ruinas se acumulan a sus pies. Hoy, esa metáfora ha dejado de ser literatura. La obra no puede salir de Jerusalén porque el conflicto en Oriente Medio hace imposible su transporte, y los visitantes del Museo Judío de Nueva York se encuentran ante una copia autorizada y una nota diplomáticamente escueta que habla de «condiciones actuales que afectan al transporte internacional».

Una exposición inaugurada con su pieza central ausente

Paul Klee: Otros mundos posibles, inaugurada el pasado viernes y abierta hasta el 26 de julio, se anunció durante meses como la primera vez que el Angelus Novus se mostraría en América del Norte. El Museo de Israel en Jerusalén, donde reside la obra, mantiene vigente el préstamo. Pero mantener vigente un préstamo y poder ejecutarlo son, en este momento, dos cosas distintas. James S. Snyder, director del Museo Judío, lo dice con la contención propia de quien gestiona situaciones que escapan a su control: «Sabíamos que debíamos ser prudentes y pacientes».

Hay un detalle que matiza la situación sin resolverla del todo: la copia ya estaba prevista desde el principio para sustituir al original durante el segundo y tercer mes de la muestra, dada la extrema fragilidad del papel. Una transferencia de óleo y acuarela de 1920, apenas más grande que una hoja de cuaderno estándar, no viaja sin riesgo en las mejores circunstancias. Ahora simplemente no viaja.

Lo que benjamin escribió sobre este ángel, y lo que le ocurrió después

Lo que benjamin escribió sobre este ángel, y lo que le ocurrió después

La historia de esta pequeña estampa es, en sí misma, una novela del siglo XX comprimida en 31 por 24 centímetros. Benjamin la compró en Múnich en 1921 y no se separó de ella durante casi dos décadas. En las Tesis sobre la filosofía de la historia, el ensayo que escribió en 1940 mientras Europa se derrumbaba a su alrededor, reinterpretó la figura central como el ángel de la Historia: una criatura que ve el pasado como una sola catástrofe interminable y que, sin embargo, no puede detenerse porque el viento del progreso lo arrastra sin tregua hacia adelante.

Pocas semanas después de escribir eso, Benjamin intentó cruzar los Pirineos para escapar de la Francia ocupada. La frontera española le fue cerrada. Murió en Portbou en septiembre de 1940, tras ingerir una sobredosis de morfina. Antes de huir, había dejado el Angelus Novus al escritor Georges Bataille, quien lo escondió en la Biblioteca Nacional de Francia. Tras la guerra, la obra llegó a manos del filósofo Gershom Scholem en Jerusalén, quien la donó al Museo de Israel. Allí sigue.

El conflicto que paraliza el arte más allá de nueva york

El conflicto que paraliza el arte más allá de nueva york

El retraso del Angelus Novus no es un caso aislado. La guerra que comenzó cuando Estados Unidos e Israel atacaron Irán ha alterado el circuito internacional del arte de formas que todavía no se han calculado del todo. El Ministerio de Patrimonio y Cultura de Irán ha documentado daños en sitios históricos de Teherán e Isfahán a causa de ataques aéreos. Galerías en Emiratos Árabes Unidos han cerrado sus puertas. En el Museo de Arte de Tel Aviv, envíos desde Nueva York y Viena han quedado en suspenso, y una exposición completa fue desmontada y trasladada a los auditorios y salas traseras del edificio.

Incluso los Rollos del Mar Muerto —los manuscritos más antiguos conocidos de buena parte de la Biblia hebrea— fueron repatriados a Israel durante el conflicto bajo escolta de seguridad, según confirmó una portavoz de la Autoridad de Antigüedades de Israel. El arte y los documentos históricos, que suelen moverse por el mundo con una relativa inmunidad diplomática, han quedado atrapados en la misma lógica de los cierres de espacio aéreo y las rutas logísticas imposibles.

Klee, los ángeles y el fascismo como contexto de la muestra

La exposición del Museo Judío no gira únicamente en torno al Angelus Novus. Con cerca de 100 préstamos internacionales, la muestra examina el giro oscuro que tomó la obra de Klee a partir de 1933, cuando los nazis comenzaron a perseguirle por considerarle judío —sin serlo— y a calificar su trabajo de «degenerado». Snyder lo describe con precisión: «Al observar su trabajo de 1933 a 1940, se ven estos ángeles representados como figuras en lucha». El Ángel solicitante de 1939, con sus ojos oscuros y su postura de caída, es la contrafigura exacta del Angelus Novus ascendente de 1920. Diecinueve años de diferencia. El mismo artista. Un mundo diferente.

Klee murió en Berna en 1940, el mismo año que Benjamin. Los dos amigos, el pintor y el escritor, cerraron sus vidas en el mismo año en que Europa consumaba su peor versión. Que la obra que los une permanezca retenida en Jerusalén mientras el Oriente Medio arde de nuevo tiene la clase de simetría que la Historia produce sin que nadie la haya pedido.