Rosalía convierte la semana santa en una misa pagana de dos horas
La capital se prepara para recibir el lunes 30 de marzo lo que ya no es un concierto: es un rito. Rosalía regresa a España tras cancelar Milán por una intoxicación y estrena en el Movistar Arena la versión íberica de LUX TOUR, la gira más ambiciosa de su carrera. Cinco noches en Madrid, cuatro en Barcelona y 42 paradas en 17 países que culminarán el 3 de septiembre en San Juan de Puerto Rico.
El padrenuestro empieza con thank you de dido
El espectáculo dura casi dos horas, se divide en cuatro actos y incluye un confesionario para que el público se arrepienta de lo que le dé la gana. La escenografía reproduce la estética religiosa del disco: candelabros, túnicas, crucifijos invertidos y una orquesta de veinte músicos que parecen salidos de un aquelarre. Rosalía cantará 25 temas, aunque la lista cambia cada noche. Desde Lyon ha descartado Mundo Nuevo, Jeanne, Memòria y La Noche de Anoche, ese dueto con Bad Bunny que ya huele a prehistoria.
El setlist respira Lux, pero deja hueco a los hits que la catapultaron: SAOKO, La Fama, Despechá y ese Can’t Take My Eyes Off You que Frankie Valli no imaginaría con beat de reggaetón. La catalana convierte el Movistar en una catedrál de neón donde el padrenuestro termina con un cover de Dido y el público corea “cuuuuuuute” como si fuera el responso de una nueva religión.

Europa entera se arrodillará
Tras España, la gira cruza Europa como una peste sonora: Ziggo Dome de Ámsterdam, AFAS Dome de Amberes, O2 de Londres. Después, el Atlántico. Madison Square Garden en Nueva York y United Center en Chicago se rendirán al mismo ritual. La cifra habla por sí sola: 42 conciertos, 17 países, una sola reina del pop que ha aprendido a facturar mitos mejor que cualquier agencia de relaciones públicas.
El 3 de septiembre, en el Coliseo de Puerto Rico, Rosalía apagará las luces y bajará el telón. Para entonces, habrá convertido la Semana Santa en su propia cuaresma pop y habrá dejado clato que la salvación ya no se busca en las iglesias, sino en las plataformas de streaming. Madrid, Barcelona y el resto del planeta solo tienen que arrodillarse y cantar el aleluya de las Magnolias.
