Ryan gosling vuelve a salvar al planeta desde el vacío

Ryan Gosling despierta en una cápsula sin gravedad, con una luz mortecina que parpadea y la certeza de que el Sol se apaga. No es un sueño. Es Proyecto Salvación, el thriller espacial que aterriza hoy en los cines españoles y que convierte al canadiense en el último maestro de primarias convertido en astronauta improvisado.

La premisa es tan descabellada como efectiva: el astro rey agoniza y la Tierra tiene meses de vida. La solución pasa por una misión suicida lanzada a la desesperada y un alienígena llamado Rocky que parece salido de un cuento de Cronenberg para niños. Gosling, que ya paseó por la Luna en First Man, regresa al vacío, pero esta vez sin el peso del traje histórico ni la solemnidad del biopic. Aquí el riesgo es otro: que la ciencia se vuelva palomitas y que el espectador olvide que Andy Weir —el mismo que jugó con la física en Marte— firma la novela original.

El regreso de los reyes del gag visual

Detrás de las cámaras, el dúo Phil Lord y Christopher Miller recuperan la chispa de Lluvia de albóndigas y la geometría loca de La Lego película para construir una nave que parece hecha deLego y duct tape. El resultado es un homenaje a los blockbusters ochenteros donde la amistad interplanetaria salva más vidas que las ecuaciones. James Ortiz, el titiritero que da voz a Rocky, convierte un traje de espuma en el compañero más carismático del año; Sanda Hüller, la europea dura de Toni Erdmann, se inventa una jefa de la ESA que ordena sin parar y que, en un giro inesperado, se convierte en la verdadera antagonista de la historia.

Pero la gracia no está en el apocalipsis, sino en cómo Gosling lo vende. Con esa mezcla de vulnerabilidad y chulería que ya empleó para hacer llorar a media sala en Diario de Noah, el actor recita fórmulas químicas como si fueran poesía y llora en inglés y en marciano. La escena en que enseña a Rocky a tocar Space Oddity con una cucharilla es pura catarsis nerd.

De la luna a una galaxia muy, muy lejana

De la luna a una galaxia muy, muy lejana

El estreno llega cargado de ironía: hace seis años, Gosling se calzó el traje de Neil Armstrong para demostrar que el cine podía ser un documento histórico sin bandera. Ahora, vuelve a la carga con una historia que desprecia la veracidad y abraza el delirio. First Man le valió un óscar al sonido y cuatro nominaciones; Proyecto Salvación aspira a convertirse en el blockbuster que devuelve la ilusión a las salas tras un año de sequía.

Y no acaba ahí. Disney ya le ha reservado asiento en la próxima Star Wars: Starfighter, ambientada cinco años después de El ascenso de Skywalker. Gosling, que cumple 44 en noviembre, confesó a la BBC que el espacio es su vicio: «Cada vez que pienso que lo entiendo, vuelvo y me equivoco. Así que firmo otra película y me vuelvo a subir al cohete». La frase resume su carrera: un tipo que se inventa profesores que salvan galaxias y astronautas que lloran en silencio. Mientras el Sol siga fingiendo que muere, él seguirá cobrando por resucitarlo.