Dasatinib, un fármaco contra la leucemia, frena la psoriasis en ratones y abre una vía inesperada

La psoriasis llevaba años burlando a los mejores tratamientos, pero un antitumoral olvidado acaba de enseñarle la patita. Científicos del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa han demostrado que el dasatinib —aprobado desde 2006 para leucemias— apaga la inflamación cutánea en modelos animales con la misma precisión con la que desconecta la proliferación de células malignas.

El interruptor que nadie había visto

Lo que hace el dasatinib no es simplemente «calmar» la piel: bloquea TYK2, una quinasa que las células inmunes usan como altavoz para gritar órdenes de ataque. Silenciar ese canal equivale a cortar la corriente de una cadena de megáfonos: los linfocitos dejan de producir IL-23 y IL-17, las dos moléculas que inflan y engrosan la epidermis. El resultado: descamación reducida, menos eritema y una piel que recupera grosor normal en siete días.

El equipo administró la molécula por vía sistémica y también en gel; ambas formulaciones funcionaron. La vía tópica es la que más entusiasma al sector: permitiría dosis microscópicas, sin los efectos secundarios hematológicos que el dasatinib arrastra en oncología. «Hemos pasado de un fármaco que se inyecta a uno que podría meterse en un bote de crema», resume Isabel Mérida, coautora del estudio.

Más allá de la piel

Más allá de la piel

La clave no es solo la psoriasis. El mismo mecanismo —la alarma de TYK2— está activo en artritis psoriásica, enfermedad de Crohn y esclerosis múltiple. «Hemos encontrado un punto de unión común para enfermedades que, en la consulta, parecen distintas», advierte José Aramburu, primer firmante del artículo. La farmacopea ya cuenta con inhibidores de TYK2, pero todos son nuevos y caros. Reutilizar dasatinib, cuyo precio ha caído un 90 % desde que perdió la patente, puede ahorrar años y millones.

El paso siguiente es un ensayo de fase II en humanos. La Agencia Española del Medicamento ha autorizado el primer protocolo y los dermatólogos de siete hospitales públicos reclutarán 120 pacientes con psoriasis moderada. Si los datos confirman lo visto en ratones, el dasatinib podría llegar a las farmacias como tratamiento tópico en 2026, una velocidad de crucero que ningún fármaco de nueva hornada puede igualar.

Mientras tanto, la industria ya se frota las manos: tres laboratorios genéricos han pedido licencia para producir la versión cutánea. El gesto es lógico: la psoriasis afecta a 125 millones de personas y el mercado global supera los 18 000 millones anuales. Una crema que cueste menos de 30 euros y no requiera control analítico mensual puede barrer las bioterapias inyectables que hoy monopolizan la receta.

La lección es brutal: a veces el futuro no nace en un laboratorio de última generación, sino en el anaquel olvidado de un hospital. Dasatinib, creado para salvar la sangre, quizá acabe salvando la piel. Y, de paso, devuelve la razón a quienes insisten en que el mejor fármaco es el que ya existe, pero mirado con lentes nuevas.