Bearman se estrella a 50g y la f1 teme que el siguiente no tenga tanta suerte
La rodilla de Oliver Bearman aún duele, pero el golpe que recibió en Suzuka podría haber sido un disparo al aire. A 50G contra las protecciones, el británico protagonizó el accidente que la F1 temía desde que los motores híbridos empezaron a jugar al escondite con la potencia.
El incidente ocurrió en la vuelta 22 del Gran Premio de Japón. El Haas VF-24 de Bearman salía del DRS a 340 km/h; el Alpine A524 de Franco Colapinto agonizaba sin carga de batería a 220. La diferencia —120 km/h— se tragó en un segundo la distancia de seguridad. Bearman pisó el pasto para esquivar el chasis argentino y se estrelló de costado contra las barreras de neumáticos. El impacto, de 50,1G, registrado por la unidad de telemetría del equipo, obligó al médico de pista a correr con el collar cervical en la mano.
La regla no escrita que casi cobra factura
Ningún reglador prevé que un coche puedo quedarse repentinamente sin 120 km/h de velocidad en la parte rápida de un circuito. El modo de recuperación que usaba Colapinto —bajo el límite de energía permitido— lo dejó sin ERS justo antes de la curva Spoon. Bearman, que venía con el botón de sobre-paso activado, no tuvo tiempo de desconectar el impulso. «Fue como encontrar un camión parado en la autopista», relató después entre algodones. La FIA calló en rueda de prensa, pero en el parc fermé circuló un folio interno: «Revisar umbrales de velocidad mínima en zona de DRS».
El analista de Sky Sports F1, Ted Kravitz, destapó otro dato: los equipos conocen el punto exacto del circuito en que rival puede quedarse seco de electricidad y planifican ahí el adelantamiento. «Es un túnel de viento estratégico, solo que esta vez el viento era un coche sin energía», ironizó.

Un mes para cerrar la brecha antes de miami
La próxima carrera es el 5 de mayo en Miami. Entre medias, la FIA convocó a ingenieros de Ferrari, Mercedes, Renault y Honda para diseñar un parche de software que obligue a los coches a mantener al menos el 80 % de su potencia eléctrica en las rectas rápidas. La medida, provisional, podría convertirse en regla permanente si los test de simulación que corren en Sakhir esta semana demuestran que no afecta al consumo de batería a lo largo de la carrera.
Mientras tanto, Bearman se entrena con una rodillera negra y un cronómetro en la mano. «Cada décima que gane en el gimnasio será una menos que tenga que recuperar en pista», dijo en un video de Instagram que borró a los diez minutos. Colapinto, por su parte, recibió un toque de atención de la dirección de carrera: no por el incidente, sino por advertir por radio que su coche «iba como un camión cuesta arriba» sin activar la señal de coches lentos que reglamentariamente debe encender. El argentino se disculpó: «No sabía que el botón estaba estropeado».
La F1 lleva años vendiendo espectáculo con la bandera de la sostenibilidad; ahora debe sostenerla sin que la sostenibilidad convierta los monoplazas en obstáculos móviles. 50G fue la advertencia. La próxima vez el paracaídas puede no abrirse.
