Boateng, sin carnet y al borde de la cárcel: el freno definitivo a su regreso al fútbol
La policía de Baviera paró el Mercedes blanco a las 11:37 del martes. Dentro iba Jerome Boateng, 86 internacional, campeón del mundo en 2014 y, en ese instante, delincuente de tráfico reincidente. Su permiso llevaba ocho meses caducado y una orden judicial prohibiéndole pisar el acelerador desde octubre. El resultado: causa penal abierta y la posibilidad real de ingresar en prisión.
El expediente que nunca se cerró
La multa de 1,8 millones que Boateng pagó en 2018 por agredir a su expareja fue solo el principio. En 2021, Kasia Lenhardt apareció muerta en un apartamento de Berlín. La policía dictaminó suicidio, pero el eco del caso dejó al jugador fuera del Bayern Múnich y sin equipo. Desde entonces, cada acto de rebeldía suma más páginas al mismo expediente que nunca se cerró.
El club que lo catapultó a la élite ya había decidido mantenerlo alejado de su academia cuando, en septiembre, anunció que colgaría las botas para entrenar. La respuesta de la grada fue una marea de pancartas: «No hay lugar para violentos». 37.000 firmas en 48 horas. Boateng dio un paso atrás y renunció al cargo. Ahora, el incidente en la A96 devuelve la lupa sobre él.

De moscú a múnich, una caída en picado
El central que desarmó a Neymar en el 7-1 de Belo Horizonte se ha convertido en el ejemplo vivo de cómo el estatus no blinda contra la ley. En Alemania, conducir sin licencia puede costar hasta un año de cárcel cuando hay antecedentes. Boateng los acumula: dos multas por exceso de velocidad en 2022, una denuncia por abandono de vehículo en 2023 y, ahora, la reincidencia que el fiscal considera «sintomática de desprecio a la norma».
Fuentes del tribunal de Traunstein confirmaron que el caso ha pasado al juzgado de ejecución penal. La clave está en un informe de conducta que debe entregar en tres semanas. Si el juez considera que hay riesgo de nuevas infracciones, la libertad provisional se convierte en cárcel preventiva. La medida ya se aplicó en 2023 a un exjugador del Schalke 04 por un caso idéntico. Boateng lo sabe: su pasaporte diplomático del fútbol ya caducó.
El reloj corre en sentido contrario. El ex campeón del mundo tiene 21 días para demostrar que puede cumplir las reglas sin un entrenador que lo cubra. La próxima vez que un coche blanco lo pare, no estará en la Bundesliga ni en un plató de televisión: estará en el banquillo de los acusados. Y esta vez, ni la medalla de oro le servirá de escudo.
