Bolivia e irá se juegan el último billete al mundial 2026 en monterrey

Una sola noche separa a bolivia de la gloria que se le escapa desde 1994. A las 21:00, hora de La Paz, la verde estrenará el Estadio BBVA de Monterrey como escenario de su vida: 90 minutos contra Irá para desempolvar la ilusión de un país que olvidó qué huele la Copa del Mundo.

La última vez que bolivia pisó un mundial, internet era un rumor

En EE.UU. 1994 el teléfono de Erwin Sánchez pesaba un kilo y la consigna era «no perder de vista a Romario». Treinta y dos años después, el móvil de Guillermo Viscarra rebosa mensajes de mineros que prometen virgen de Socavón si vuelven a ver a su selección en la pantalla grande. La generación que nació bajo el rumor de la globalización quiere certificar que el fútbol boliviano no es un capítulo de historia sepia.

El camino fue una ruleta. La goleada de Colombia a Venezuela (6-3) en la última jornada de eliminatorias metió a la Verde en el repechaje por la puerta falsa: séptimo puesto con 20 puntos y la victoria 1-0 a Brasil en La Paz como escarbadientes de oro. Irá, en cambio, llega directo a la final por su mejor coeficiente FIFA; le bastó despachar a Emiratos 3-2 en la quinta ronda asiática para hacer valer su ranking.

Mbappé, haaland y mané ya calientan en el grupo i

Mbappé, haaland y mané ya calientan en el grupo i

El premio no es solo el billete: es caer en el grupo de la muerte. Francia, Senegal y Noruega aguardan al ganador. El boliviano promedio ya se imagina a Miguel Terceros marcando de taco a Kylian Mbappé y la foto se vuelve viral antes de que el balón ruede. Lo que nadie cuenta es que la FIFA usa este repechaje como experimento televisivo: la señal se venderá en 194 países y los derechos superan los 18 millones de dólares, una cifra que eclipsa el presupuesto anual de la Federación Boliviana.

Óscar Villegas, técnico que saltó de dirigir a Always Ready a jugarle la vida a un país, repite la misma frase en cada rueda de prensa: «El fútbol da revanchas, no segundas oportunidades». Su once es un manual de supervivencia: Efraín Morales, 19 años, como central por la lesión de Haquín, y Enzo Monteiro, hijo de un brasileño y una paceña, como falso nueve para que Irá dude de quién es delantero.

Del otro lado, Graham Arnold aterrizó con once botellas de agua del Éufrates. Dice que el clima de Monterrey «sabe a Bagdad» y que su equipo está acostumbrado a jugar con el ruido de los drones. Aymen Hussein, goleador del Kuwait SC, lleva 27 tantos en 33 partidos y la afición iraquí lo espera en el aeropuerto con cánticos que mezclan árabe y español: «bolivia, Inshallah, será un recuerdo».

La tele que lo parió todo

La tele que lo parió todo

En bolivia, BTV y Entel TV pelean por el rating mientras las teles de barrio ponen el partido en pantallas de 14 pulgadas. En Irak, Al-Iraqiya Sports promete heladera al que adivine el minuto del primer gol. La apuesta es tan salvaje que el gobierno iraquí declaró martes feriado oficial; en La Paz, los microbuses circularán gratis para que nadie se quede sin ver el minuto 92, cuando la pelota suele romper redes y promesas.

El árbitro será el francés François Letexier, especialista en finales de Champions que nunca pitó sobre 3 600 metros de altitud. La FIFA le dio el partido como premio por no haber cobrado penal a Bellingham en la última fecha. Letexier no habla español ni árabe; su idioma será el silbato y, si hace falta, el VAR que tanto ayudó a Irá en la eliminatoria asiática.

Cuando el reloj marque las 23:00 en Miami, las calles de Santa Cruz de la Sierra serán un río de verde que desemboca en la plaza 24 de Septiembre. Si gana bolivia, el presidente ha prometido declarar feriado nacional y regalar un día de gasolina subsidiada. Si gana Irá, Bagdad estallará en fuegos artificiales que competirán con los drones de vigilancia. Lo que nadie dice es que el ganador recibirá 2,5 millones de dólares solo por presentarse al Mundial, dinero que en La Paz equivale a construir 40 canchas de fútbol en barrios donde aún se juega descalzo.

El balón se mueve ya en el túnel de vestuarios. bolivia e Irá no solo se juegan un partido: se juegan la posibilidad de que un niño de El Alto o de Basora decida ser futbolista y no contrabandista. La historia empieza a las 21:00 y termina cuando el último corazón deje de latirle al cronómetro. El resto es ruido. Y fútbol.