Burruchaga entra al top 100 con un título que huele a polvo y sudor
Román Burruchaga acaba de firmar su mejor semana en circuito: 2 h 49 min de infarto, tres bolas de quiebre salvadas en la tercera manga y un salto de 25 puestos que lo deposita en el 77° escalón del ranking ATP. El premio: el ATP 100 de San Pablo, conquistado sobre la arcilla brasileña que ya empieza a conocerle la pisada.
De casi eliminado a dueño del trofeo
La historia empieza mal. Primer set perdido ante el portugués Jaime Faria, 157° del mundo, y un tie-break que se le escapó 5-7. Ahí muchos habrían soltado raqueta; Burruchaga, en cambio, cambió la velocidad del saque y empezó a jugarle al revés al revés: 6-4 y 6-4 que parejaron la cuenta y la confianza. El punto clave: 4-4 en el definitivo. Allí quebró en blanco y cerró con un drive cruzado que dejó a Faria mirando la marca sin pelota.
Lo que nadie cuenta es que el argentino estuvo a un pie de la cornisa desde el lunes. En primera ronda, el local Gustavo Heide le endosó un 1-6 inicial y tuvo bola de partido en el segundo. Burruchaga remontó, ganó el tie 7-5 y siguió caminando. El mismo guión repitió ante Eduardo Ribeiro: set abajo, dos horas de latigazo y victoria 6-4 en la tercera. Cuando llegó a cuartos ya parecía otro jugador: 6-1 y retirada de Alex Barrena, 6-3 y 6-2 a Juan Carlos Prado. La final fue la síntesis de la semana: sobrevivir para gobernar.

Un top 100 que llega con ganas europeas
El 77° puesto no es solo un número bonito. Le garantiza mesa directa en Roland Garros, acceso casi asegurado a la qualy de los Masters 1000 de primavera y, sobre todo, oxígeno económico: 15.000 dólares de cheque esta semana, más puntos que le valen la entrada en torneos mayores sin pasar por la criba de la qualy. Llega justo cuando Europa enciende la arcilla: Oeiras, Aix-en-Provence, Munich. O sea, pista lenta, su zona de confort.
El dato habla por sí solo: en los últimos tres meses, los argentinos sumaron cinco títulos Challengers. Burruchaga se suma a la lista que ya tiene sus firmas: Tabilo, Cerúndolo, Etcheverry. El tenis local no gana un Grand Slam hace 21 años, pero construye desde abajo con ladrillos de polvo y horas de gimnasio.
El cierre es de esos que no se piden: el hijo de Jorge Burruchaga, el hombre que le dio la Copa a Italia 86, ahora tiene un festejo propio. No fue con un gol en el Azteca, sino con un drive paralelo en el 4-5 que dejó a Faria sin réplica. El fútbol le dio la gloria al padre; el tenis le devuelve la factura al hijo. Y la historia, como siempre, se escribe entre sudor y polvo de ladrillo.