Colombia expulsa a su propia campeona olímpica y se queda sin canoa rumbo a los ángeles 2028
Manuela Gómez remó durante años con la certeza de que cada golpe de pala la acercaba a un sueño olímpico. Hoy rema contra la corriente de su propio país: el Ministerio del Deporte la sacó del programa Atleta Excelencia y, con ese golpe de timón, le cerró la puerta a Los Ángeles 2028. Ella fue la primera colombiana en clasificar un kayak para Juegos en 92 años de historia. Ahora es la primera en ser dejada a la deriva.
El ticket olímpico vale 61 y el ministerio lo tira a la basura
La resolución 1003 de noviembre de 2025 redibujó el mapa de beneficios sin consultar a quienes ya habían cruzado el océano para cumplir metas. Gómez se enteró por un correo: su nombre ya no figuraba. A su lado quedaron fuera otra mujer de Antioquia y dos hombres de Bogotá. Cuatro atletas, cuatro historias de ascenso desde veredas y embalses, convertidas de la noche a la mañana en anécdotas de austeridad.
El sistema de puntaje olímpico exige competir en al menos seis copas mundiales, un campeonato continental y un preolímpico para soñar con medallas. Cada viaje cuesta entre 8 y 12 millones de pesos. Sin el sello del Estado, los canoístas deben pagar pasajes, inscripciones, alojamiento y el alquiler de embarcaciones que cuestan más que una casa en el Magdalena medio. La cifra habla por sí sola: 48 millones por cabeza solo para mantenerse en la élite durante un año.

Tres años sin timonel y ahora sin bote
Gómez entrena en el embalse de La Magdalena, El Peñol, donde aprendió a leer el viento antes que los libros. Allí no hay coach nacional desde 2022. La Federación Colombiana de Canotaje no publica calendario, no convoca concentraciones y, según la deportista, «no sabe ni cuántos atletas tiene bajo su paraguas». El vacío técnico se llena con padres que llevan loncheras, hermanos que sirven de remolque y amigos que se prestan el carro para llegar a regatas.
En agosto pasado, ella y sus compañeros se autofinanciaron el Mundial de Italia. Regresaron con la dignidad intacta y dos medallas de oro en los Bolivarianos. El ministerio evaluó esos resultados y decidió que no eran suficientes. La nueva tabla exige top-8 mundial o top-3 panamericano; Gómez terminó 11ª en el mundo y 4ª en el continente. Cerca, pero no alcanza. «El margen entre seguir adelante y quedarte en tierra son 2,3 segundos», calcula ella con la precisión de quien ha perdido carreras por milésimas.

Antioquia a remo y el país sin ruta
El próximo escollo es el Panamericano de Canadá en julio. Allí se reparten 60 % de los puntos hacia la Copa del Mundo y los Juegos Panamericanos 2027. Si Colombia no aparece, perderá coeficiente para repartir cupos en 2028. La cascada es implacable: menos atletas, menos representación, menos inspiración en las escuelas de remo que surgen en Guamal, Nechí y El Banco. El ministerio insiste en que «todos pueden postularse de nuevo» si logran marcas, pero sin viajes no hay puntos, y sin puntos no hay viajes. El círculo se cierra como una trampa de agua caliente.
Gómez aún entrena dos veces al día. Por la mañana, cuando la niebla cubre el embalse, suena el canto de los zahines y el chasquido del remo al entrar al agua. Por la tarde, el sol convierte la cubierta del kayak en una plancha de hierro. Ella sigue allí, porque el deporte de alta resistencia enseña a soportar dolor y traiciones. Pero también enseña a contar el tiempo: le quedan 18 meses para empezar a sumar puntos olímpicos. Si nada cambia, Colombia podrá contar sus medallas en Los Ángeles con los dedos de una mano que no estará sosteniendo un remo.
