Franco torres arrasa en la altura y sueña con la copa: 'no somos flor de un día'
Franco Torres convirtió el improbable en rutina: el mediocampista argentino lidera la tabla de goleadores del Apertura 2026 desde los 2 800 metros de altura de Andahuaylas. River por dentro, fútbol de altura por fuera y una fe inquebrantable que lo llevó a firmar siete tantos en ocho fechas con Los Chankas, el equipo que ya nadie llama 'revelación'.
Los números no mienten: el '10' que se disfraza de '9' ha perforado redes de Sporting Cristal, Universitario y Melgar; el mismo Melgar que hace doce meses los vapuleó 5-1 y que ahora cayó en el último minuto ante el grito colectivo de una ciudad entera. La victoria en Arequipa fue el punto de quiebre. Ahí, cuenta él, 'se nos abrió la cabeza'. El vestuario comprendió que el temor ajeno también juega en la altura.
El secreto está en el desnivel
Torres repite la fórmula como quien reza: tocar, mover, llegar. La sociedad con Adrián Quiroz —recién estrenado en la selección peruana— funciona a base de miradas: 'Sé que si le marco el canal, la pelota va a llegar limpia'. Quiroz, zurdo con visión de drone, ha crecido tanto que hasta Abdiel Ayarza —otro 'no-delantero'— suma tres goles saliendo desde el banco. El entrenador Walter Paolella ordena los módulos como quien cambia de canal: 3-5-2 que se vuelve 5-2-3-1 sin pausa. La pelota parada se ensaya hasta el cansancio y los contragolpes se ensamblan en menos de ocho segundos. Nadie regala pestañeo.
La altura, sin embargo, sigue siendo el aliado silencioso. La cancha de Los Chankas está a una altitud donde la pelota se resbala más rápido y la sangde late más lento. Los rivales llegan con plan, pero terminan pidiendo la hora. 'Cuando ves al rival con las manos en la cintura, ahí aparece el segundo gol', anticipa Torres con la sonrisa de quien ya vivió esa película varias veces.

La fe que no se mide en goles
El argentino cruza el vestuario como quien visita vecinos: saluda a gritos, abraza al utilero, revisa el pasillo de calor antes de cada partido. Dice que aprendió en River a 'no despilfarrar el privilegio' y que en Cali comprendió que 'un título pesa más que un contrato millonario'. A sus 29 años, repite que este es 'su mejor arranque', pero no atina a hablar de estadísticas sin antes mencionar a su familia y a 'la mano de Dios'. La camiseta la besa después de cada tanto y la frente la persigna antes de cada arranque. No es ritual: es contrato con la ilusión.
Andahuaylas, entretanto, vive un verano perpetuo. Las calles se llenan de camisetas violetas cada fin de semana y los comercios cierran a mediodía para alcanzar el bus a la cancha. El alcalde prometió una estatua si llegan a la Copa Libertadores; el obispo dedicó una misa a 'los muchachos que nos devolvieron la alegría'. La ciudad respira a ritmo de candombe y se olvida de la pobreza por noventa minutos. El gobernador regional estudia ampliar el aeropuerto: 'Necesitamos recibir a Boca o a Flamengo', suelta sin sonrojo.
Torres escucha los planes y sonríe, pero aprieta los dientes: 'Faltan once finales'. El domingo visitan a Alianza Lima en Matute y la tabla aprieta: un solo punto los separa. El mediocampista ya sabe lo que es ganar en la callejuela de La Victoria; fue ahí donde anotó su primer gol de visitante en Perú y donde escuchó el silencio de 30 000 gargantas calladas. Quiere repetir la dosis. 'Nosotros no tenemos escudo con estrellas, pero tenemos hambre de escribir la nuestra', sentencia.
La historia recién empieza y Franco Torres ya es sinónimo de gol. Si el fútbol es un juego de fe, él lleva ventaja: cree en la altura, en el compañero y en la idea de que el balón siempre termina encontrando a quien más lo busca. Y mientras el balón ruede, Andahuaylas seguirá vibrando al ritmo de un argentino que llegó de tercera división para poner a un pueblo entero a la altura de sus sueños.
