Germán pezzella rompe el silencio: su lesión empezó en la cabeza antes que en la rodilla

Germán Pezzella no habló de fútbol. Habló de un año que se le hizo agujero. A ocho meses de la rotura de ligamentos cruzados que lo sacó de las canchas, el zaguero de River dejó de lado la jerga deportiva y apuntó a una herida que los informes médicos no registran: la que se abrió en su vida antes de que la rodilla izquierda cediera.

En diálogo con Sofía Martínez para el ciclo Intuiciones, el campeón del mundo en Qatar 2022 contó que la temporada previa a la lesión fue “rara y oscura”. No fue una metáfora. Fue un estado que él mismo identifica como catalizador del accidente. “Lo mental es más importante que la pelota”, disparó, y con esa frase desarmó el relato de rendimiento que suele rodear a los futbolistas de élite.

Un cuerpo que dijo basta cuando la cabeza ya llevaba meses gritando

El defensor de 34 años reconstruyó el mapa de su desgaste: la presión de volver a River tras una década en Europa, la expectativa de ser el primero del plantel campeón en regresar, la sensación de no encontrarle sabor a nada. “Con mucha de la gente de la que vos hablás te dicen la fácil: ‘Acabás de salir campeón del mundo’, ‘vivís en España’… Tuve la suerte de antes de volverme de estar en un club en el que me brindaron todo y tuve que decirles ‘me quiero ir’”.

La Argentina lo esperaba como un héroe. Pero Pezzella llegó roto. Y el país del fútbol no tiene protocolos para eso. “Cuando vine para acá me di cuenta de que no estaba terminando de disfrutar. El trabajo era mucho más propio, introspectivo. Fue mucho y me superó”, admitió.

La rotura, entonces, no fue un episodio aislado. Fue el final de un proceso que él ahora entiende como una suerte de salida de emergencia que su cuerpo ejecutó cuando la cabeza ya no daba más.

La recuperación que no figura en la cuenta regresiva del

La recuperación que no figura en la cuenta regresiva del

Mientras los diarios marcan su posible vuelta para abril, Pezzella marca otra fecha: la que lo reencontró con un amigo, con un mate, con la capacidad de estar quieto sin sentirse culpable. “Hoy me permito tomarme unos mates con un amigo y que mi cabeza esté ahí, en pausa. Disfrutar de eso me ayudó a transitar el día a día”, contó.

El zaguero no habla de “volver” como quien atraviesa una puerta. Habla de recomenzar. Y en ese recomienzo incluye aprender a perderle miedo a la tristeza, a nombrarla, a no esconderla detrás de una medalla o un contrato millonario.

River lo espera. La hinchada lo celebra. Pero el verdadero partido que Pezzella ganó fue contra el silencio que suele envolver a los deportistas cuando el dolor no se ve en una placa radiográfica.

En un fútbol que todavía tabula la salud mental como un lujo, su testimonio suena a disruptura. Y a advertencia: la próxima lesión puede empezar donde nadie mira.