Giuly confiesa que messi le arrebató el puesto en el barça: 'lo vi en un entrenamiento y supe que mi ciclo había terminado'

La confesión cayó en el Spotify Camp Nou como una pelota que se estrella contra el poste. Ludovic Giuly, el extremo que desgarró la banda derecha del barça entre 2004 y 2007, acaba de admitir que su salida no fue culpa de la directiva ni de una lesión: fue el pibe rosarino de 17 años quien le hizo recoger las botas. 'Messi me cogió el puesto', dijo sin aspavientos, mientras el público a su alrededor coreaba a Lamine Yamal, el nuevo chico prodigio.

La frase suena a epitafio, pero Giuly la pronuncia con la misma sonrisa que lucía cuando Ronaldinho le regalaba un pase sin mirar. En la grada VIP, vestido con una camiseta de las Leyendas que le queda ya ancha, el francés de 49 años repite la sentencia como quien cuenta un chiste interno: 'No pasa nada, la vida es así'. Y se encoge de hombros.

El día que messi le rompió la carrera en 15 minutos

Fue en un entrenamiento de septiembre de 2005. Frank Rijkaard había convocado al primer equipo y al barça B para un partido de espacios reducidos. Giuly recuerda el olor a césped recién cortado y el silencio que se rompió cuando el adolescente de pelo largo le robó la pelota, se fue de tres, la subió al área y la clavó por la escuadra de Valdés. 'En ese momento supe que mi velocidad ya no era suficiente', cuenta. El cronómetro marcaba el minuto 12 y él llevaba 15 goles en la temporada anterior.

No hubo bronca ni cuchillo entre los vestuarios. Giuly apenas pidió hablar con el míster esa misma tarde. 'Le dije: «Mister, si esto es un concurso de talento, me bajo». Rijkaard le prometió minutos, pero el francés ya había visto el futuro: 'Cuando un tipo te hace sentir que estás en cámara lenta, lo mejor es buscar otro set'. Se fue al Roma por ocho millones de euros y dejó la banda libre para la bestia que acabaría pulverizando todos los récords.

La champions que no le dio la despedida soñada

La champions que no le dio la despedida soñada

Giuly todavía se frota la rodilla cuando recuerda el 29 de noviembre de 2006. Estaba en el Olímpico de Roma cuando el barça levantó su segunda Copa de Europa. 'Yo tenía que haber estado ahí, pero el destino puso a Messi en mi lugar y al barça en la gloria', dice. Lo curioso es que su gol a Milan en semifinales de 2005 —ese disparo cruzado tras un amago de Ronaldinho que todavía enseñan en la Masia— fue la llave que abrió la puerta a la final que él no pudo jugar por lesión.

El palmarés le queda corto: dos Ligas, una Champions, dos Supercopas. Pero el recuerdo que más le pesa es el olor a césped mojado del Camp Nou a las 11 de la noche, cuando él y Ronaldinho se quedaban después de entrenar. 'Ahora lo hace Lamine Yamal con Cubarsí. El círculo se cierra, pero sin comparaciones, por favor. Messi fue un cometa; Yamal puede ser una constelación distinta', sentencia.

Giuly se despide con una lata de Estrella Damm en la mano. Afuera, el autobús del Newcastle arranca motores. 'El fútbol es un reloj que nunca se para: te toca bajarte y otro sube. Yo me bajé en Roma, pero me llevé el recuerdo de haber compartido vestuario con el alien que cambió el curso del barça. Y eso, francamente, ya es un título', concluye. No hay rencor, solo la certeza de que fue él quien le abrió la puerta al mejor jugador de la historia y que, por una vez, perder fue también ganar.