Jamaica a un paso del sueño: cadamarteri la metió y ahora quiere tumbar al congo
Bailey Cadamarteri, un apellido que suena a melodía calypso, metió la pata derecha donde pocos se atreven y mandó a Jamaica a la final del repechaje. El gol fue un silbatazo a la geografía: Nueva Caledonia se quedó en la orilla y los Reggae Boyz ya saborean el sabor a Mundial que se les escapó desde 1998. Ahora, el martes 31 de marzo a las 4:00 p. m. (hora colombiana), en el estadio Akron de Guadalajara, la historia se reduce a 90 minutos frente a la República Democrática del Congo. Ganan, y Portugal, Colombia y Uzbekistán les esperan en el Grupo K.
El congo llega con la artillería europea
Del otro lado del túnel vestuario, Yoane Wissa firma goles en la Premier y Samuel Moutoussamy pasea el balón en la Ligue 1. Para el entrenador Sébastien Desabre, el partido es una final continental disfrazada de intercontinental: «No jugamos semifinales por ranking, pero venimos a romper estadísticas». La última vez que el país africano pisó un Mundial fue en 1974, cuando aún se hacía llamar Zaire y el balón era de cuero pesado.
Jamaica, dirigida por Rudolph Speid, responde con la seguridad de Andre Blake bajo los tres palos y la creatividad de Bobby Reid y Kasey Palmer en el medio. El mensaje en el grupo de WhatsApp de la delegación es claro: «Otra final, otra oportunidad de grabar nuestro nombre en la historia del fútbol caribeño».

Bolivia e irak, la otra guerra por un boleto
Mientras tanto, en Monterrey, Bolivia sueña con borrar 32 años de ausencia. Miguel Terceros, el socio del gol contra Surinam, se frota la rodilla: «No vine a México de turista». La derrota de Diego Medina por lesión obliga a Óscar Villegas a improvisar con Lucas Macazaga, un cambio que puede pesar más de lo que parece. Irak, cuatro décadas fuera de la cita global, confía en Aymen Hussein, goleador que lleva el 9 y la esperanza de un país que solo conoce la guerra por televisión.
El ganador se meterá en el Grupo I, donde Francia, Noruega y Senegal ya reservaron sitio. La lógica diría que los europeos y africanos son favoritos, pero el fútbol escribe con letra cursiva cuando menos lo esperas.

Europa, la última línea de fuego
A la misma hora que en Guadalajara, pero a 9.000 kilómetros, Italia trata de lavar la vergüenza de dos Mundiales perdidos. Bosnia, sin complejos, la espera en Zenica. Suecia y Polonia se miran a los ojos sabiendo que uno de ellos se quedará en casa, mientras Kosovo busca su primera estrella en la solapa y Turquía, con la memoria de 2002, quiere cerrar el cerco. República Checa y Dinamarca protagonizan el duelo nórdico que nadie pidió pero todos querrán ver.
Cuatro partidos, cuatro boletos. Cada gol será un cuchillo en la mesa de 48 platos que servirá el Mundial 2026. Y mientras tanto, en Colombia, los aficionados ya se preguntan si verán a James Rodríguez disputarle el balón a un jamaicano o a un congoleño. La respuesta llega en menos de 72 horas.
El planeta fútbol se reduce a una pelota que gira sobre el césped de Guadalajara. Quien la toque de más, regresará a casa con la maleta llena de sueños rotos. Quien la toque de menos, se llevará el pasaporte a Nueva York, Los Ángeles y Miami. La frontera entre la gloria y el olvido mide 7,32 centímetros: el diámetro de un balón.
