Maguire resucita en old trafford: de chivo expiatorio a pieza clave en la premier

Harry Maguire se sacó la losa de encima. El central que muchos enterraron entre memes y pitidos volvió a ser titular en el Manchester United y, de golpe, recuperó el dorsal de la selección inglesa. La clave no fue un milagro: Carrick cambió la defensa a línea de cuatro y le devolvió el terreno donde se siente cómodo: cara a cara con el delantero rival.

De la enfermería a la convocatoria de tuchel

La historia parecía escrita: lesiones, errores gravísimos, abucheos en cada toque. Maguire se convirtió en el símbolo de la decadencia del United post-Ferguson. Pero hay un detalle que pocos cuentan: en diez partidos tras el cambio de sistema, el United ganó siete y empató dos. La cifra habla por sí sola.

El propio jugador lo resume con la crudeza de quien ha estado en el barro: «Muchos me dieron por muerto futbolísticamente». Lo dice sin dramatismo, como quien repite una frase que escuchó mil veces en las redes. Lo que nadie cuenta es que, mientras los titulares lo enterraban, él entrenaba a las siete de la mañana con el fisioterapeuta y al mediodía estudiaba vídeos de sus desplazamientos.

El punto de inflexión llegó cuando Michael Carrick —interino que nadie pidió— decidió abandonar la defensa de tres que Ruben Amorim insistía en mantener. Maguire lo explica con una claridad que suena a crítica indirecta: «Cuando juegas en el centro de la defensa de tres, pareces más lento y necesitas protección». Traducción: el sistema lo exponía, no salvaba sus limitaciones.

Carrick le dio la llave, tuchel la puerta

Carrick le dio la llave, tuchel la puerta

El 18 de marzo, el móvil de Maguire vibró dos veces. Primero un mensaje de Carrick: «Estás jugando el sábado». Dos horas después, una llamada de Thomas Tuchel: «Te quiero para los amistosos contra Uruguay y Japón». En la sala de recuperación del entrenamiento, el defensor soltó una carcajada que sonó a exorcismo.

El contrato vence en junio y el United aún no ha ofrecido la extensión. Maguire no se inmuta: «Lo que se acuerde se sabrá pronto». En privado, asegura que Carrick debería estar en la lista corta para sucederse a sí mismo como entrenador principal. El club, por ahora, guarda silencio.

Mientras tanto, el central entra y sale de la academia de Carrington con la parsimonia de quien ya no necesita demostrar nada. Afuera, los mismos aficionados que lo vituperaron ahora piden su camiseta para sus hijos. Maguire lo sabe, y por eso no perdona: «Las críticas llegan de todos lados. La diferencia es que ahora yo llego antes que ellos al balón».