México se arrastra hacia bélgica tras otro amistoso que olía a fracaso

El 1-1 contra Portugal no fue un punto de inflexión: fue la confirmación de que el México de Javier Aguirre sigue perdido en la mitad de la cancha y en la mitad de una idea. Este martes, en el Soldier Field de Chicago, llega Bélgica, que acaba de descosar 5-2 a Estados Unidos con la misma parsimonia con la que uno abre una cerveza. La pregunta no es si los de las tres líneas podrán competir; es cuántos golpes más aguantará la ilusión de una afición que ya abuchea antes de que el balón ruede.

El empate que no convenció ni a sus padres

El Azteca rugió, pero fue un rugido de impaciencia. El empate ante los lusitanos dejó a medias la promesa de un nuevo rumbo: posesión sin profundidad, presión sin mordida y un Santiago Giménez que parece jugar con el fardo de una generación a cuestas. El técnico insistió en que «hay procesos», pero lo que se vio fue un equipo que corre porque le obligan, no porque tenga destino. El público se fue pitando; las redes ardieron. El mensaje era claro: ni siquiera un rival de renalga logra disfrazar la falta de alma.

Bélgica llega con la artillería desempolvada

Bélgica llega con la artillería desempolvada

Mientras tanto, los Diablos Rojos atraviesan una transición que no duele: De Bruyne sigue siendo un cerebro con bota, Doku desgarra espacios como si fueran tiras de papel y De Ketelaere mide 1,92 m y toca la pelota como si midiera 1,60 m. El 5-2 a Estados Unidos no fue un simple marcador; fue un aviso de que el nuevo ciclo ya arrancó y que el viejo continente no espera a que México termine de armar su rompecabezas. La FIFA los coloca novenos; el ojo los coloca entre los candidatos a cruzar cuartos en 2026.

La cita que puede hundir o postergar la crisis

La cita que puede hundir o postergar la crisis

El partido arranca a las 19:00 horas del centro del país y será un espejo que refleje lo que aún no queremos ver: si la zaga sigue dando pasos de cangrejo, si el mediocampo sigue siendo un pasillo y si el técnico insiste en el mismo once que ya se agotó en la Copa Oro. Televisa y TV Azteca ofrecerán el duelo con sus respectivos barnices de optimismo, pero la grada del Soldier Field —más lejos que nunca de casa— será termómetro de una hinchada que ya no cree en promesas a largo plazo. El Mundial 2026 está a 24 meses y el reloj no perdona: o México da señales de vida o se hunde en la mediocridad que tanto le costó abandonar.

La historia termina donde empezó: con un país que mira su selección como quien mira un espejo roto. Bélgica no viene a ayudar; viene a confirmar. Y si el martes el resultado duele, la conclusión será más cruda: todavía no hemos tocado fondo.