Scaloni se quiebra: la lesión de panichelli deja a la argentina sin su goleador
Lionel Scaloni no pudo terminar la conferencia. La voz se le quebró cuando intentó explicar por qué Joaquín Panichelli, el goleador de la Ligue 1, se perderá el Mundial 2026. El entrenador se detuvo en mitad de frase, murmuró «y jode» y abandonó el micrófono. A sus espaldas, el plantel argentino aún digiere la rotura de ligamentos cruzados del delantero de 23 años ocurrida en un entrenamiento del jueves.

La rotura que trunca un sueño y altera la lista de scaloni
Panichelli llegó a Ezeiza con 16 goles en Francia y la certeza de que un gol contra Zambia el martes podría colarlo en la lista de 26. Ahora será operado y tardará entre seis y ocho meses en regresar. «Se lo había ganado», repitió Scaloni, como quien no termina de creerse el telegrama.
El mensaje del jugador en redes fue una radiografía del vestuario: una foto suya con la casilla 19 y la leyenda «volveré». En la práctica del viernes, los compañeros lo aplaudieron al entrar al predio; él se limitó a devolver los abrazos con muletas bajo el brazo.
La lesión obliga a Scaloni a rehacer la delantera. Lautaro Martínez y Julián Álvarez tienen la plaza casi asegurada, pero el tercer puesto —el que Panichelli peleaba con Giovanni Simeone y Paulo Dybala— queda libre. La AFA ya entregó una prelista de 55 nombres a la FIFA; el corte final se hará en junio, cuando Panichelli aún estará en rehabilitación.
El entrenador admitió que el ánimo bajó tras el 2-1 a Mauritania. «Los jugadores lo vivieron adentro. Uno va al vestuario y lo ve a él con la rodilla vendada… eso pesa», dijo. El partido contra Zambia, el martes a las 20.15 en La Bombonera, servirá como catarsis: Messi será titular y el equipo «más conocido» buscará despedir la fecha FIFA sin la sombra del número 19.
La cifra habla por sí sola: Panichelli marcaba cada 104 minutos en la Ligue 1. Ahora la argentina perderá esos goles en un verano que definirá si defiende el título. Scaloni ya avisó: «Va a tener otra chance». La próxima vez, Panichelli no querrá que sea por una carta de despido, sino por una convocatoria que valga la pena llorar.
