Solano se ahoga en el desierto: pakistán cierra eliminatoria como farol sin batería

Sin hinchas, sin puntos y sin rumbo, Nolberto Solano afronta esta noche su penúltimo examen en Pakistán: un amistoso contra Birmania que huele a epitafio. Dos empates y una manita de Siria (0-5) han convertido la aventura asiática del 'Nobby' en una travesía por arena movediza donde cada paso hunde más la ilusión.

El plan que nadie compra

La idea era clara: desenterrar talento local y dejar de depender de la diáspora. El resultado es un equipo sin identidad y un técnico que repite consignas como quien lee el manual de un electrodomoméstico. 'Conozco a los de afuera, pero estos chicos necesitan minutos', justificó Solano en la sala de prensa de Islamabad, rodeado de periodistas que prefieren el cricket. La frase suena a autoengaño: de los 23 convocados, 21 nunca habían pisado un aeropuerto internacional antes de este mes.

El estadio Jinnah Sports, convertido en fortaleza por órdenes del Ministerio del Interior, recibirá el duelo a puerta cerrada. Motivo oficial: ahorrar combustible ante el conflicto de Medio Oriente. Realidad: el Gobierno teme desmanes de ultras que ya venían con la camiseta de la selección bajo el brazo y la mecha lista. Solano lo resumió con una mueca: 'El fútbol sin gente es un ensayo general sin estreno'. La afición pakistaní, que colgó los botes hace años, ni se ha enterado.

Cronología de un naufragio

Cronología de un naufragio

La campaña asiática del ex lateral derecho de la Blanquirroja se resume en tres fechas que escuecen. Empate 0-0 en casa ante Afganistán, otro 0-0 de visita contra los mismos rivales y la paliza siria que dejó al equipo en la cuarta y última plaza del Grupo E. Solo Siria, con nueve puntos, celebrará el pasaporte a la Copa Asiática 2027; Pakistán y Afganistán comparten el sótano con dos unidades cada uno, aunque los afganos tienen la excusa de la guerra.

El gol pakistaní en la fase de clasificación sigue siendo una quimera. La única diana llegó en un amistoso de diciembre contra un club de la liga local y ni siquiera fue televisada. Solano la celebró como si fuera la hazaña de Múnich: abrazo con el ayudante, puñetazo al aire y selfie con el autor, un mediocampista de 19 años que trabaja de taxista los días sin entrenamiento.

Último cartucho en multan

Último cartucho en multan

Antes del duelo contra Birmania, el cuerpo técnico montó un microc Campus en Multan, la ciudad del té de leche y los mototaxis que huelen a diesel. Allí probó 42 jugadores en una semana, grabó cada sesión con dron y repartió folios con ejercicios de psicología deportiva traducidos al urdú. El resultado fue el mismo once de siempre, más dos lesionados por esguince de tobillo al pisar un césped que parece alfombra de aeropuerto.

El rival, Birmania, llega con la moral alta: cinco goles en sus últimos dos partidos y un coreano naturalizado que despedaza bandas. Solano lo conoce bien; estudió vídeos hasta las tres de la madrugada con un analista indio que cobra por partido. 'Es fuerte, pero nosotros también tenemos armas', dijo, aunque se le escapó la ironía: las armas, de momento, son los silbidos del cuerpo arbitral cuando el balón se va por la línea de banda.

Adiós sin lágrimas

El contrato de Solano expira en junio y la federación ya busca recambio. La liga local, suspendida por falta de patrocinadores, no le sirve de vitrina; los agentes europeos no contestan sus mails. La despedida será mañana, tras el partido, en un hotel cinco estrellas que huele a curry y desesperanza. El técnico prometió 'dar una alegría a la gente', pero la gente estará en la calle comprando naan, ajena al duelo que se escenifica a puerta cerrada.

Solano se marchará con dos empates, una goleada y la sensación de haber pisado un pantano con zapatos de vestir. Pakistán seguirá sin clasificarse a nada, y él, sin el grito de gol que lo hizo famoso en Saint-Étienne. La próxima parada del 'Nobby' podría ser una selección caribeña o un club de la segunda división de Arabia Saudita. Mientras tanto, en Islamabad, el único recuerdo tangible será un cartel oxidado que rezaba: 'Bienvenidos a la nueva era'. La era terminó antes de empezar.