Sueños lejanos, sacrificios cercanos: la dura realidad de las volonterias peruanas en el mundial sub 17
El aroma a caucho y la tensión de la Videna se mezclan con la nostalgia y el esfuerzo de Kiara Lazo y Fernanda Pinto, dos jóvenes voleibolistas peruanas que han puesto en pausa sus vidas para perseguir el sueño de vestir la camiseta nacional en el Mundial Sub 17.
Un viaje hacia el desconocido
La selección peruana de vóley sub 17 se prepara con ahínco para el próximo torneo internacional, pero el camino hacia allí exige un precio alto. Para la mayoría de las jugadoras, provenientes de comunidades rurales, la oportunidad de entrenar en Lima implica dejar atrás sus hogares, sus familias y sus estudios. Kiara, proveniente de Arequipa, describe con honestidad el impacto emocional de esta decisión: “Para mí es muy importante el apoyo de mi familia, porque casi todos están en Arequipa. Siempre que salgo de Videna llamo a mi madre y le digo cómo me ha ido en los entrenamientos”. Pero la distancia no es el único obstáculo. Su tía, María Elena, ha hecho un gesto admirable al mudarse a Lima para brindarle apoyo y compañía, un sacrificio que ella misma reconoce con humildad: “Este es un sacrificio mío y ella me está apoyando a mí. Su trabajo lo dejó para venirse conmigo y eso mucho se lo agradezco”.

Adaptación y resiliencia
La adaptación a una nueva ciudad, a una nueva rutina y a la soledad es un desafío constante. Fernanda Pinto relata con emotividad sus primeros meses en Lima: “Cuando yo vine a Lima, vine a vivir sola prácticamente. Mi mamá, mi hermana, mi papá y mis abuelas, que me han apoyado un montón, estaban en Arequipa y era muy difícil para mí tener a mi familia lejos. Llegaba a la casa y no tenía a quién abrazar, a quién contarle cómo me fue en el entrenamiento. Era muy difícil, lloré mucho, pero por un sueño que yo tenía”. La joven voleibolista destaca la importancia de mantener el contacto con sus seres queridos, a pesar de la distancia: “Mi papá nos apoya muchísimo, al igual que mis tíos y mis abuelas. Siempre estoy con su cariño ahí y los extraño bastante. No los veo desde que prácticamente inició el año porque no tengo oportunidad de ir a Arequipa por los entrenamientos”.

Más allá de la cancha: estudios y apoyo institucional
La exigencia de la disciplina deportiva no es la única preocupación de estas jóvenes atletas. Kiara, como muchas de sus compañeras, ha encontrado en su colegio una vía para continuar sus estudios. “Yo hago clases virtuales. Gracias a Dios mi colegio me está apoyando un montón y le agradezco también”, afirma, demostrando que el éxito deportivo no tiene por qué ser incompatible con una formación académica sólida. El apoyo institucional es, sin duda, un factor clave para su desarrollo.
Un sacrificio en el nombre del deporte
La historia de Kiara y Fernanda es un testimonio de la pasión y el compromiso que impulsan a estas jóvenes voleibolistas. Más allá de los partidos y los resultados, comparten un sueño común: representar a Perú en el Mundial Sub 17 de Vóley 2026. Un sueño que, como bien saben, se construye con esfuerzo, sacrificio y el incondicional apoyo de sus familias. Y, a juzgar por lo que ya hemos visto, la selección peruana tiene un futuro prometedor en sus manos. El torneo en 2026 será la prueba definitiva de que estos sacrificios no han sido en vano.
