Un espía italiano en el entrenamiento de bosnia enciende la previa del repechaje
Un militar con abrigo verde oliva y el parche de la bandera italiana se coló en el entrenamiento cerrado de Bosnia y Herzegovina en Butmir. Grabó con el móvil adherido al pecho, lo descubrieron, lo echaron y ahora Sarajevo pide explicaciones a Roma antes del partido que decide un cupo al Mundial 2026.
La euforia del repechaje encontró un espía
El campo de la FF BH en Butmir, a 70 km de Sarajevo, tiene vallas altas y acceso restringido. El lunes, después de que la prensa abandonara la sala de prensa montada en un contenedor, un hombre se quedó entre los pinos que bordean el lateral. Vestía uniforme militar y usaba gafas de sol aunque el cielo estaba encapotado. Un auxiliar de seguridad lo vio mover la cabeza al ritmo de los cambios de juego de Ivaylo Petev. Se acercó, le pidió el carné y el parche de EUFOR –la misión europea en Bosnia– dio el aviso: «Estoy de servicio». No convenció a nadie.
En el vestuario bosnio estalló la ira. El analista de contrarios había detectado varios planos fijos que podían corresponderse con la disposición de la defensa en balón parado. El móvil, un iPhone 14 Pro con soporte magnético, seguía grabando cuando el guardia se lo confiscó. El video dura 7 minutos 43 segundos. En la Federación lo subieron a la nube, le pusieron contraseña y el martes por la mañana la embajada italica en Sarajevo ya tenía una nota diplomática en su bandeja.
Italia niega la operación. «Ninguna orden partió de la Federazione Italiana Giuoco Calcio», dijeron fuentes del Ministerio de Defensa. EUFOR asegura que el soldado estaba «de patrulla de rutina» y que su presencia en el perímetro fue «coincidente». La versión choca con el horario: la práctica empezó a las 17:00 y el uniformado llegó a las 17:12, justo cuando Petev probó la línea de tres centrales que ayer ensayó por quinta vez.

Zenica, caja de resonancia
El estadio Bilino Polje se construyó sobre una antigua fundición de acero y el acero se nota en las gradas: hierro pintado de azul, 15.600 localidades, todas de asiento. El martes a las 15:45 (hora local) el termómetro marcará 9 grados y se espera lluvia horizontal. Los ultras de Manijaci ya anunciaron 90 minutos de «ambiente balcánico» y la policía montó un cordón con perros detectores de pólvora a la salida de la autopistaA1.
Bosnia no juega un Mundial desde 2014. Italia se lo perdió en 2018 y en 2022. Dos gigantes heridos, un solo vendaje. Gennaro Gattuso, que se ha pasado la semana hablando de «orgullo napolitano» y de «fútbol de barrio», prefiere no hablar del espía: «Miramos adelante». Pero en la sala de prensa de Zenica los periodistas le espetaron tres veces la misma pregunta y la tercera vez respondió con un «no sé de qué me hablan» que sonó a amenaza.
La UEFA, por ahora, no investiga. El reglamento de repechaje no contempla sanciones por espionaje si no hay pruebas de que el rival se benefició tácticamente. Pero la FIFA ha pedido el informe de seguridad del estadio y podría abrir un expediente si encuentra «conducta antideportiva». El castigo máximo: multa de 100.000 francos suizos y, en teoría, posible punto de sanción para el Mundial. Nunca se aplicó. Hoy nadie descarta un precedente.

La guerra que no termina
En los cafés de Baščaršija todavía se habla de la guerra de los noventa como si fuera ayer. Italia fue parte de la IFOR y luego de la EUFOR. Algunos veteranos bosnios no perdonan los bombardeos serbios ni la pasividad europea. El fútbol, en los Balcanes, nunca es solo fútbol. Por eso el episodio del espía duele más: revive la sospecha de que el poderoso siempre mira por encima del hombro.
Miralem Pjanic, ahora en Sharjah, publicó en Instagram una historia con la foto del estadio y la leyenda: «Nos ven la espalda, pero no ven la vuelta». El mensaje suma 180.000 likes en cuatro horas. La guerra no se juega en Twitter, pero allí también se gana o se pierde.
El árbitro será Glenn Nyberg, sueco, experto en partidos de riesgo. Ha pitado tres veces a Italia: dos victorias, una derrota, cero goles en contra. A Bosnia le señaló dos penales a favor en su única actuación. Nadie habla del árbitro. Todos hablan del espía.
El balón se pondrá en marcha a las 15:45. Para Bosnia será una final de Independiente. Para Italia, una final de orgullo. Para el soldado que grabó, una historia que ya no podrá borrar. La UEFA guarda silencio. La FIFA observa. Y Zenica, esta noche, huele a humo de leña y a pólvora verbal. El partido no decide solo un Mundial: decide quién mira a quién de frente.