Djokovic cruza la línia de fuego: suelta la raqueta y carga con la adrenalina bosnia

Zenica huele a pólvora y césped. Mañana, en Bilino Polje, Bosnia puede borrar 36 años de fútbol en un sólo partido. Y Novak Djokovic ha comprado ya el pasaje: deja el circuito, se sube a un coche con matrícula serbia y se planta en la grada para empaparse del grito que puede devolver a la selección bosnia al único Mundial que pisó en 2014.

La federación balcánica confirmó anoche la visita del tenista. No es un gesto protocolario: Djokovic ya prendió la mecha tras la clasificación ante Gales con un ‘Bravo Edin, bravo Bosnia’ que se hizo viral antes que el propio Dzeko celebrara el gol del 86’ en Cardiff. El capitán, 37 años, empujó al equipo a la prórroga y a la tanda de penaltis que hoy coloca a Bosnia a 90 minutos de Qatar.

Italia, la bestia negra que no olvida las ausencias

El rival es una Italia que lleva dos Mundiales fuera y que llega a Zenica con la desesperación de quien teme convertirse en sinónimo de fracaso. Bosnia, por contra, juega sin red: su única presencia en Brasil 2014 terminó en octavos ante Argentina. Desde entonces, la selección se ha convertido en el termómetro de un país que solo aparece en telediarios cuando se habla de fosas comunes o de tensiones entre serbios, croatas y bosniacos.

El estadio, con 9.000 localidades, se agota en horas. Las entradas vuelan a 120 euros en reventa y la policía ha reforzado controles: se temen incidentes entre ultras croatas y serbios que viajan para apoyar a Bosnia. La mezcla étnica en las gradas refleja la paradoja balcánica: un país dividido que solo el fútbol logra unificar bajo una sola bandera.

El grupo b que espera al vencedor

El grupo b que espera al vencedor

El ganante caerá en el grupo B junto a Canadá, Suiza y el anfitrión Qatar. Para Bosnia, la cita es más que deportiva: el gobierno calcula que la sola clasificación inyectará 50 millones de euros en publicidad y turismo, una cifra que duplica el presupuesto anual de la federación. Para Italia, evitar el tercer Mundial consecutivo fuera se ha convertido en una cuestión de Estado: el presidente del Coni ya adelantó que la Federcalcio abrirá una investigación si fallan otra vez.

Dzeko, que arrastra 63 goles con la selección, se ha entrenado aparte esta semana. Tiene 37 años y contrato hasta junio con el Inter; cada minuto en Zenica puede ser el último con la camiseta bosnia. Djokovic, que conoce el sabor de los finales, se sentará entre aficionados que le ven como un hermano de sangre. El tenista no pidió palco VIP: quiere oír los cánticos que mezclan árabe, serbio y croata en un mismo grito.

Mañana, cuando el árbitro pite el inicio, Bilino Polje será un cráter. Bosnia no tiene nada que perder. Italia, todo. Y Djokovic, por una vez, no tendrá raqueta para salvarse: solo la voz de 9.000 gargantas que sueñan con volver a ver su país en la pantalla del mundo.