Dolores fonzi corta de raíz el minimalismo y desata la fiebre por el glamour retro
Dolores Fonzi acaba de dinamitar el manual de estilo de la era pandemía. Con tijetazo incluido, la actriz despidió los rulos descontrolados que la acompañaron durante años y estrenó un copete corto, ondulado y flequillo lateral que ya es trending topic en los salones de Buenos Aires.
El gesto que nadie esperó
El video que colgó en Instagram dura ocho segundos. Bastan. La cámara la enfrenta de frente, una luz cálida acaricia su nuca y el pelo –ahora castaño con reflejos de miel– se mueve como una cortina de terciopelo. El movimiento es teatral, casi una declaración: se acabó el despelote cool, bienvenida la alfombra roja interna. En menos de una hora, el clip superó los 120 mil likes y las peluquerías porteñas reportan turnos para «el corte Fonzi».
¿El detalle que enamora? Las orejas de oro. Aros anchos, brillan cada vez que gira la cabeza y potencian el efecto Old Hollywood que busca. Maquillaje nude, labios apenas rosados y una ceja depilada al milímetro: nada compite con la nueva melena. El resultado es una imagen que podría haber salido de un archivo de Audrey Hepburn, pero con la actitud descontracturada de quien creció en Palermo Soho y se niega a perder la voz rasposa.

Por qué este cambio importa hoy
En los últimos meses, las celebrities argentinas apostaron al long bob liso o a la coleta de gimnasio. Fonzi rompe la ortodoxia y recupera la voluptuosidad. El corte, firma del estilista Mariano Coppola, se inspira en los shaggy de los 70 pero aterriza con tecnología 2024: capas internas que generan cuerpo sin necesidad de aerosol, y puntas que se sellan a 180 grados para evitar la horquilla de frizz porteño.
El mensaje es claro: después de la pandemia y del boom de la «naturalidad» que terminó pareciendo uniforme, la sofís retoma el poder. Y lo hace desde el sur. Porque si bien las pasareles europeas ya dibujaban este retro, fue una actriz latina la que le puso cuerpo y nombre en castellano.

De los goya a la vereda
Hace apenas cuatro semanas, Fonzi desfiló en Barcelona con un vestido que parecía sacado de una performance de arte textil. Ahora, en plena calle Charcas, demuestra que la revolución también cabe en el día a día. El contraste entre aquel look escultórico y este minimalismo callejero confirma su nueva etapa: ya no necesita excesos para robar planos. Con 45 años y dos décadas de carrera, apuesta al microrrelato visual: un corte que habla de autonomía, de ganas de volver a seducir sin pedir permiso.
Las marcas lo saben. Desde anoche, al menos tres casas de lentejuelas le enviaron propuestas para la próxima gala del Cóndor. Y las agendas de los peluqueros se llenaron de mujeres que repiten la misma frase: «Quiero sentirme como Dolores».
La moraleja es breve: cuando el mundo se aplanó, Fonzi le puso ondas. Y en tiempos de rectángulos de pantalla, eligió la curva. Porque el glamour, como el corte, empieza donde termina el miedo a cambiar.
